13 de abril 2009 - 00:00

La obra cumbre de Ángel Cabrera

El campeón saliente, el sudafricano Trevor Immelman, ayuda a Ángel Cabrera a calzarse el tradicional chaleco verde del campeón de Augusta.
El campeón saliente, el sudafricano Trevor Immelman, ayuda a Ángel Cabrera a calzarse el tradicional chaleco verde del campeón de Augusta.
Ángel Cabrera ingresó en la historia del golf mundial. En 2007 había dado prueba de su calidad al lograr el US Open, en Oakmont, Estados Unidos, y este fin de semana el cordobés conquistó el tradicional Masters de Augusta, primer Major de la temporada, y se convirtió en el primer sudamericano en coronarse en el certamen.

El Masters de Augusta corresponde al circuito de la PGA y reparte premios por siete millones de dólares.

Con 39 años, el oriundo de Villa María se impuso en un vibrante triple desempate sobre los estadounidenses Kennny Perry (segundo) y Chad Campbell (tercero).

Los tres jugadores completaron los 72 hoyos regulares del primer Major de la temporada, con un total de 276 golpes, 12 bajo el par.

La paridad se produjo luego de que Perry, quien llegó a los últimos hoyos con las mayores posibilidades de ganar, sufriera dos bogeys en el 17 y el 18 para terminar con una tarjeta de 71 golpes, uno bajo el par.

Por su parte, Cabrera repitió ese marcador, mientras que Campbell fue el mejor de los tres en la última jornada, al cerrar con un total de 69 golpes, tres bajo el par.

En el primer hoyo de desempate (18), el argentino logró el par tras una notable recuperación, luego de una salida que lo había llevado a una zona arbolada, fuera del fairway.

En ese hoyo, Campbell, quien firmó un bogey, quedó fuera de carrera, y la pelea quedó reducida a un mano a mano con Perry en el hoyo 10.

Durante la definición, Cabrera soportó la presión con mayor templanza, sin errores, y logró el par en cuatro golpes. En tanto, Perry volvió a naufragar, como le había sucedido en la definición de la ronda final, donde falló un putt por el título en el hoyo 18.

«Hace unos años, Roberto (De Vicenzo) me regaló un cuadro de una chaqueta verde de Augusta y me dijo que lo guardara, porque algún día la iba a vestir de verdad, y hoy he cumplido ese sueño, el mío y el suyo», expresó un emocionado Cabrera al ganar el torneo.

Para el golf argentino fue una revancha de la conquista que se le escapó de las manos a Roberto De Vicenzo en el Masters de 1968 (ver aparte).

«Es el momento más feliz de mi vida en el golf», aseguró el Pato, acreedor de 1,3 millón de dólares, cuando recibió el glamoroso saco por parte de los organizadores.

Cabrera tuvo un rendimiento de menor a mayor en la jornada: arrancó como líder de la tercera vuelta (posición compartida por Perry), pero cometió bogeys en los hoyos 4, 5 y 10 que pusieron en riesgo su victoria.

El final de la cuarta ronda, con birdies en los hoyos 13, 15 y 16 (también había bajado el par en el 3), lo llevó al desempate del torneo.

Los números finales de Cabrera arrojaron un total de 276 golpes, con vueltas de 68, 68, 69 y 71.

Otro dato que realza la labor del argentino fue haber resistido el empate final del estadounidense Tiger Woods, número uno del mundo, que tuvo un pasaje arrollador en la cuarta vuelta. El norteamericano terminó con una tarjeta de 68 golpes (280), con un águila en el hoyo 8 y birdies en el 2, 13, 15 y 16.

El otro argentino que participó en el torneo, el tucumano Andrés Romero, finalizó en el puesto 48, con 297 impactos, tras lograr un registro de 76 en la cuarta vuelta.

La bandera celeste y blanca dejó un espacio al verde, el color de la chaqueta más famosa del golf mundial que ganó.

El sastre del selecto club del estado de Giorgia buscó en su armario para encontrar la talla más grande de cuantas chaquetas verdes posee. Se la dio al sudafricano Trevor Immelman, quien se la colocó al flamante campeón, el hombre más feliz en Augusta.

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