Conforme comienza a reconstituirse el tejido productivo nacional y, lentamente, la Argentina empieza a salir de aquel infierno, los municipios van poco a poco asumiendo nuevos roles. El país vuelve a la senda del crecimiento y los problemas de las localidades van virando de la administración del desastre social a la administración del crecimiento. La particularidad que supuso crecer a altas tasas nos propuso un desafío aún mayor.
Uno de los grandes logros de la década fue recuperar el mediano y el largo plazo, para poder pensar en las políticas estratégicas nuevamente. Pero diez años de crecimiento ininterrumpido generaron tensiones al interior de las ciudades, que complejizaron el abanico de problemas de los municipios.
Rápidamente surgieron nuevos barrios y la morfología de las ciudades se fue transformando, ya que crecieron en extensión, sin un orden planificado. Gran parte de esa dinámica de crecimiento fue comandada por los mercados inmobiliarios, al calor de las políticas expansivas que iba implementando el Gobierno nacional, políticas que ponen el acento en el fomento de la demanda agregada y el mantenimiento de la actividad económica en los pueblos, además de significar una enorme intervención en materia de obra pública y de acceso a la vivienda. El rol de los gobiernos municipales se vio, entonces, interpelado por este nuevo escenario.
En el marco de este proceso, proveer de servicios de calidad a todos los habitantes se presenta en el tope de las prioridades, por lo que planificar el crecimiento de las ciudades es cada vez más necesario. El rol de los intendentes y concejales en este proceso es central, ya que, según entendemos, son los dirigentes políticos locales los que tienen que encabezar ese proceso de ordenamiento del territorio: es el Estado local la herramienta por excelencia para planificar y direccionar ese crecimiento. El Estado municipal tiene que ocupar el centro de la escena, los intendentes tienen que liderar el proceso de desarrollo y, en función
de ese sendero, orientar la inversión pública y privada en desarrollos urbanos, obras e infraestructura.
El país tiene un horizonte inmediato muy bueno. El gran desafío de los gobiernos locales estará en orientar, en clave de planificación estratégica, el desarrollo de las ciudades argentinas en esa dirección. Se trata de poder ser parte activa del desarrollo nacional y pensar ciudades que no estén escindidas de ese destino.
| (*) Secretario de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior y Transporte de la Nación. |


