4 de septiembre 2012 - 00:00

La voz que une a Harlem con Europa

Según Hopkins, estos conciertos muestran «el poderoso resultado de la cruza entre la música étnica afroamericana y las tradiciones clásicas europeas».
Según Hopkins, estos conciertos muestran «el poderoso resultado de la cruza entre la música étnica afroamericana y las tradiciones clásicas europeas».
En el marco de una gira sudamericana que comenzó el sábado en Montevideo y que proseguirá con actuaciones en Rosario (7) San Juan (9) y Posadas (11), hoy y mañana se presentará en el auditorio de Amijai (Arribeños 2355) el célebre Harlem Opera Group dirigido por Gregory Hopkins. Con una carrera sólida como cantante lírico a sus espaldas, Hopkins es también pianista y organista, y una de las voces más autorizadas en el repertorio afroamericano. Dialogamos con él:

Periodista.: ¿De qué manera se fueron desarrollando sus vocaciones?

Gregory Hopkins: Me crié en la comunidad de una iglesia. Mis padres eran cantantes, de manera que entré muy temprano al coro de niños. Ahí todos aprendemos a leer música, y adquirimos el gusto por nuestras formas de arte vernáculo, especialmente el religioso. Un día, siendo adolescente, descubrí la ópera, e inmediatamente sentí el llamado, es decir a qué debía dedicar mi vida. Fui al conservatorio y me convertí en cantante de ópera, pero también quería seguir en contacto con mis antecedentes musicales en la iglesia. Más tarde llegaron el piano y órgano, como una necesidad para cantar, enseñar y dirigir música vocal.

P.: ¿Cuál es la idea principal del show que se verá aquí?

G.H.: Diseñamos estos conciertos para mostrar el poderoso resultado de la cruza entre la música étnica afroamericana y las tradiciones clásicas europeas. Estaremos presentando óperas de compositores blancos formados en la tradición europea, como Kurt Weill y George Gershwin, que adoptaron elementos de la música afroamericana. Gershwin era hijo de un cantor de sinagoga que vivió gran parte de su juventud en Harlem, por aquellos tiempos una meca cultural al que llegaban muchos artistas y público, entre otros Charles Chaplin. En esos establecimientos, como el Cotton Club, tocaban y se conocían grandes músicos, como Duke Ellington. Él, William Grant Still y otros, músicos afroamericanos de gran talento, desarrollaron un interés por la música clásica, a la que llamamos europea, y la ópera en particular, y escribieron las óperas de las cuales estaremos presentando fragmentos. Muchos de los cantantes, incluyéndome a mí, se formaron inicialmente en la iglesia y después se perfeccionaron como cantantes líricos, pero aún guardan la historia y el «background» de la comunidad afroamericana, lo cual se refleja en su interpretación y los diferencia de otros cantantes de ópera.

P.: ¿Hay alguna línea argumental?

G.H.: Hay excelentes libretos en las óperas que elegimos, pero probablemente «Porgy and Bess» es el que tiene la escala y el rango de la tradición trágica universal que está en el corazón de la mayoría de las óperas dramáticas, como el uso por parte de Verdi de las tragedias shakespeareanas. La segunda parte del concierto está dedicada a «Porgy and Bess». Hay otro guión o línea argumental, por decirlo así, que atraviesa todo el espectáculo, que es la historia de los afroamericanos, sus penurias y la fe que los ayudó a superar esas dificultades y que aún los guía en el presente.

P.: ¿Qué es para usted lo más importante en los cantantes, y cómo es su trabajo con ellos?

G.H.: La voz, que es un instrumento básico natural, es clave, y es un don. Pero no se puede hacer mucho sin un entrenamiento académico riguroso y trabajo duro para moldear este don y hacer arte genuino con él. Como profesor de canto, director y entrenador, mi trabajo es guiar a estos jóvenes cantantes para sacar lo mejor de ellos. Y, «last but not least», está la persona detrás de la voz: los cantantes reflejan lo que son en su canto, sus cualidades personales, y el público lo percibe.

P.: ¿Cuál es la misión social de la Harlem Opera?

G.H.: La ópera no es interpretada con frecuencia en nuestra comunidad: brindar a los afroamericanos la posibilidad de escuchar músicas más allá de la popular es una tarea con la que estamos profundamente comprometidos. También visitamos escuelas para enseñar a los más jóvenes acerca de este arte del cual tienen poca conciencia. Lo hacemos con la esperanza de que desarrollen con el tiempo un gusto por la ópera, y algunos se dediquen a ella, como hice yo. Aparte de eso, es sabido en el mundo de la ópera que la mayoría de las veces es más fácil conseguir un papel como Otello para un cantante blanco que se maquillará de negro, que para un cantante negro. Queremos cambiar eso, y de hecho hasta hace poco lo mismo se podía decir del presidente de los Estados Unidos. Así que tenemos razones suficientes para tener esperanzas en esos aspectos.

Entrevista de Margarita Pollini

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