11 de septiembre 2015 - 00:11

Landrú, el asesino serial que atacaba viudas ricas

"Señor serio desea casarse con viuda o mujer incomprendida entre 35 y 45 años". Con ese aviso en los diarios parisinos, Henri Désiré Landrú comenzó a poner en práctica uno de los planes criminales más horrendos y famosos de la historia. Fue el serial que conquistaba, y mataba, a las viudas ricas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Landrú tuvo cuatro hijos y fue condenado por diez homicidios, aunque él sólo confesó haber estafado a unas 300 mujeres. Vivía en París, pero para sus fechorías había alquilado una villa llamada Ermitage, en Gambais, a 50 kilómetros de París. Para los engaños, usaba nombres falsos.

Su primera víctima fue Jeanne Cuchet (39), una viuda que vivía con su hijo de 17 años. La conoció y le propuso matrimonio y trabajo para el hijo. Se presentó como el señor Diard, inspector de Correos. Tanto la mujer como el muchacho desaparecieron y la fortuna que tenía Jeanne pasó a Landrú.

La segunda fue una señora de 46 años de apellido Laborde. La tercera fue una viuda de 51 años, descripta por los periódicos de entonces como una mujer fea, pero con una gran fortuna que alcanzaba los 20.000 francos. La macabra lista continuó hasta la décima, que fue una mujer de apellido Marchadier, quien se decidió a viajar a la villa Ermitage con su amado con una condición, llevar con ellos a los tres perros de su casa. Ni la mujer ni los perros volvieron a ser vistos.

Estos hechos ocurrieron entre 1915 y 1919, y la mecánica criminal era similar. Se presentaba como un respetable hombre de negocios, viudo, que deseaba volver a formar una familia.

Las conquistaba, les hacía poner a su nombre todos los bienes y después las mataba, descuartizaba e incineraba los restos en la villa de Gambais. Pero casi todos los domingos regresaba a su casa de París, donde estaba con su esposa y cuatro hijos. A la mujer, incluso, le regalaba joyas que había arrebatado a sus víctimas.

Las desapariciones ya habían sido denunciadas. Primero fueron los parientes de la víctima Colomb, quienes se comunicaron con preocupación con el alcalde de Gambais, porque sabían que la mujer se había ido a esa ciudad con un hombre a quien conocían por el apellido Dupont. Después, otra familia reportó un caso similar, aunque, pese a que la descripción del hombre coincidía, decían que se había presentado como Frémyet.

Fue una cuestión de azar que la Policía diera con Landrú. En una tienda de París, la hermana de una de las víctimas lo vio haciendo unas compras acompañado de una mujer. El asesino, en el local, había dejado una tarjeta con un domicilio. La Policía llegó a esa vivienda y lo encontró acompañado de su nueva conquista, Fernande Segret. Cuando allanaron el lugar, Landrú los recibió con un nombre falso. Fue el 13 de abril de 1919. En el bolsillo llevaba una libreta negra con anotaciones de gastos y víctimas.

En la villa Ermitage encontraron las pruebas del horror. El juez anotó los hallazgos: cien kilos de sustancias incineradas, alrededor de un kilo de huesos humanos, cuerdas, hachas, sierras, puñales y la estufa en la que supuestamente calcinaba los cadáveres.

Se declaró culpable de las estafas, pero nunca reconoció los asesinatos. La condena, a morir en la guillotina en la cárcel de Versalles fue aplicada el 22 de febrero de 1922. Antes de la ejecución le ofrecieron celebrar una misa, aunque respondió: "Gracias, pero no podemos hacer esperar a estos señores".

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