Según un comunicado de ADEPA en los últimos 12 años, y con intensidad creciente, se habían multiplicado las trabas para acceder a información pública. Como ADEPA denunció en reiteradas ocasiones, todo eso fue parte de un plan de destrucción del periodismo independiente. Fue parte de un plan superior para abortar toda expresión de disidencia, para consagrar un discurso único bajo un barniz de libertad de expresión, y descalificar así todo intento de investigar al poder. Pero quizá, cuando se mira en perspectiva, dos fueron los principales daños al periodismo. Uno de ellos, la instauración de una cultura de descalificación permanente hacia la tarea de la prensa. Otro daño cuyas consecuencias se prolongarán en el tiempo fue el dispendio discrecional de recursos que permitió montar un aparato comunicacional. El principal desafío para el nuevo Gobierno en su relación con el periodismo es restablecer un marco de libertad plena.
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