30 de marzo 2016 - 00:00

“Lo último que escribiría es literatura ‘de denuncia’”

A Kohan le interesó “la posibilidad de abordar un tema tan perturbador desde un lugar que me permitía jugar con lo equívoco, con la ambivalencia”.
A Kohan le interesó “la posibilidad de abordar un tema tan perturbador desde un lugar que me permitía jugar con lo equívoco, con la ambivalencia”.
A partir de un grupo que decide dedicarse al negocio de producir fotos pornográficas para pedófilos surge una historia que, con ritmo sostenido cambia de forma, pasa a ser una novela negra, una investigación policial en la que la Policía no quiere participar. "Fuera de lugar", de Martín Kohan, que publicó Anagrama, es entre otras cosas un corrimiento de los géneros, un nuevo modo de marcar la banalidad del mal, y ante todo una novela donde la literatura atrapa al lector.

Martín Kohan es doctor en Letras (UBA) y profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia. Publicó libros de ensayos, libros de cuentos y las novelas "La pérdida de Laura", "El informe", "Los cautivos", "Dos veces junio", "Segundos afuera", "Museo de la Revolución"; en 2007 conquistó el prestigioso Premio Herralde con "Ciencias morales", que fue llevada al cine por Diego Lerman, a la que luego siguieron "Cuentas pendientes" y "Bahía blanca". Recientemente apareció el libro de ensayos "Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas" y los cuentos de "Cuerpo a tierra". Dialogamos con Kohan.

Periodista: ¿Fueron los casos de pedofilia que aparecen reiteradamente comentados y denunciados en los medios lo que le impulsó a escribir su novela "Fuera de lugar"?

Martín Kohan
: El tema como tal, y tal como aparece en los medios, me habría probablemente llevado a una literatura con carga social o de lo que antes se llamaba ´de denuncia´, que es lo último en la vida que yo procuraría escribir. La novela empieza a tomar forma en mi cabeza no en lo que sabemos de la pedofilia sino en la posibilidad de abordar un tema tan perturbador desde un lugar que me permitía jugar con lo equívoco, con la ambivalencia. La idea de estos tipos que fotografían niños sin tocarlos y pueden pensar que no están haciendo nada, que no están abusando, que pueden asumir incluso una posición de condena moral frente al cura que sí los manosea y hasta los somete. Esa posición equívoca de alguien que comete un abuso pero desde una convicción de su propia rectitud es algo que me interesa mucho, como en "Ciencias morales" me interesaba la profesora que espía a los pibes y no sólo no se asume como una voyeure sino que considera que está cumpliendo con su deber. Es la posición del que abusa pero no sólo no lo asume sino que reivindica una posición de rectitud. Que comercialicen fotos de niños me permitió mostrar eso.

P.: Es notable cómo usted muestra cómo se forma un grupo de perversos dedicados a eso...

M.K.:
En un grupo no todos piensan lo mismo respecto de lo que están haciendo. La figura del cura que aporta los chicos es la que está más cerca del prototipo de ese tipo de caso. Pero el grupo me da la posibilidad de trabajar con el fotógrafo que está relacionándose con ese mundo desde lo estético de la imagen, la mina que está de por medio y que tiene hasta una posición maternal y una comprensión intelectual sobre lo que está pasando, aquel para el cual todo eso es puro comercio. Lo grupal me permitió no instalarme en algo unidireccional, previsible, como hubiera sido el abusador y su condena. Hay un espectro de formas del abuso, y ese espectro me da la posibilidad de trabajar en figuras que me interesan mucho en la literatura, por caso el que desarrolla esta perversión o ese abuso desde una posición rigurosamente moral. No desde la posición de la transgresión moral sino desde la posición moral.

P.: El fotógrafo busca lo bello, y la mujer lo corrige, lo lindo no lo sucio, pensando en sus clientes.

M.K.:
Eso es una posibilidad narrativa, no temática, que todo se cuente como si no estuviera pasando. Que el lector perciba lo terrible, y se narre como si no fuese terrible. Que el lector perciba la violencia, y se narre como si no hubiese violencia. El choque que busqué no se produce en lo narrado sino en el hecho que se lo narra como si no lo fuera. El abuso se encara como si no fuese abuso. Para uno es un negocio, para otro una composición estética, cada uno entra por su lado, y nadie asume el lugar del mal.

P.: ¿En qué medida es una novela negra?

M.K.:
Fue la lectura que hizo la editorial, y me pareció pertinente. Me resultó muy iluminador de una lectura posible. Eso no sólo tiene que ver con una intriga policial que la novela va ganando con una muerte y una investigación, donde no se cuenta con el Estado, sino por la distribución del bien y del mal que se plantea. Que no es una señalización clara del bien y el mal. Hay un hombre que lleva un nenito rubio. Y ese tipo se suicida. ¿No aguantó lo que hizo? Nadie sabe el motivo. Se abre una investigación, pero la policía no va a investigar. Y el que va a investigar se encuentra con el campo donde nada está en su lugar.

P.: ¿Así aparece "Fuera de lugar", el titulo de su novela?

M.K.:
Al terminar de escribir me di cuenta de que "Fuera de lugar" era una clave de cómo está armado, que está muy estructurado, pero en esa estructuración todo tiene que ver con un especie de corrimiento. Los protagonistas se sienten fuera de lugar, pero creen que están en su lugar. Viajan, están fuera del lugar al que pertenecen. La novela transcurre por la precordillera, el litoral, el conurbano, lo países del Este, una frontera. Es fuera de lugar en el sentido de lo que no tendría que pasar y pasa. Es la aberración de lo que no debiera suceder y sin embargo sucede. Es también en el sentido de que la investigación transcurre siempre corrida, fuera de lugar. Hay actos, hay huellas, hay hechos y hay consecuencias; pero las huellas y las consecuencias aparecen siempre en un sitio distinto del sitio donde se supondría, donde se esperaría, donde se las va a buscar. Se va detrás de una pista y la pista no era ésa sino otra, se va a un lugar pero el lugar no era eso sino otro. Todo comienza a correrse, y creo que ese corrimiento remite a la novela negra. Se desarma la distribución estable entre quienes cometen lo malo y quienes desde el bien avanzan.

P.: Su novela está "fuera de lugar" en el género policial.

M.K.
: No soy cultor de la novela negra. Ni gran lector de géneros, ni de la ciencia ficción, ni del policial, ni de la novela histórica, entendiendo por género ese tipo de regularidad donde de alguna manera los textos ya nacen formateados. Sí, en cambio, me interesan mucho los escritores que no son de género sino de creación del género. No soy lector de ciencia ficción pero lo que hace Marcelo Kohen con la ciencia ficción me interesa mucho. No soy lector canónico del policial, pero lo que hace Piglia con el policial, como lo que hace Saer con el policial y la pesquisa, me interesa muchísimo. Volver sobre el género y reelaborar a partir de allí, eso sí me interesa. Mi reticencia es a los casos en que el género resuelve las cuestiones narrativas, donde el género es un repertorio de soluciones, y yo prefiero siempre la problematización de la narración.

P.: "Fuera de lugar" ofrece una visión atípica de la pornografía.

M.K.:
La dimensión pornográfica aparece en segundo o tercer grado. El lector mira a alguien que mira. Aparece con la producción y la circulación de la imagen. Y el que se excita nunca está ahí. El producto está hecho para la mirada. "Fuera de lugar" no es, por todo esto, ni una novela erótica ni pornográfica.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.K.:
Salieron los cuentos de "Cuerpo a tierra" a fin de el año pasado, salió un libro de ensayos sobre el amor, sobre letras de tango y boleros, que publicó Godot, ahora estoy escribiendo cuentos. Son cuentos que no responden a otra motivación de que sean breves. Un tipo de escritura que en realidad ha sido estimulada por un tipo de lectura. Me pasé el verano leyendo a Cesare Pavese, que había leído hace muchísimos años cuando cursé Literatura Italiana, y no había vuelto a leerlo, y un poco por la contaminación de esa atmósfera de calor, de provincia, y bajo esa tónica salieron varios cuentos. Fue el cruce de vacaciones en Córdoba y lectura de Pavese.

Entrevista de Máximo Soto

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