La industria argentina del video hogareño está en guerra contra la piratería. Y si bien la batalla no es nueva, hoy los actores, las metodologías y los números han cambiado radicalmente. En tiempos del VHS, el copiado ilegal era una tarea que requería un equipamiento especial, que no estaba al alcance de todos. El arribo del DVD cambió el negocio para siempre y el ingreso en la era digital trajo, además de una mejor imagen y sonido, la posibilidad de que cualquier usuario que contara con una computadora, una grabadora y algunos programas específicos, fuera capaz de copiarse cualquier película. La industria sostiene hoy en día que la piratería genera una facturación de 700 millones de pesos anuales y que domina el 80% del mercado. Más allá de las cifras -cuya obtención no ha sido explicitada-, no es tan lineal establecer que, de no existir el mercado ilegal, ese dinero y esos usuarios decantarían automáticamente hacia la industria del DVD. Los consumidores abrevan en lo ilegal por una cuestión de precio, algo que el segmento legal no puede equiparar porque está sometido a las reglas del comercio general, con cadenas de distribución que son una especie de socio del silencio que se queda con el 50% del precio, impuestos, etcétera. En segundo término, por su inmediatez, la piratería atenta primero contra las salas cinematográficas que contra los editores de cine hogareño. Y en este apartado, además de señalar el alto costo que tiene asistir al cine, sobre todo si se trata de un grupo familiar, debe ponderarse también la escasa performance que tiene Hollywood en los últimos años: hoy en día, ir al cine es un riesgo, que se maximiza a partir de las «aplanadoras marketineras» que ostentan los estudios (nada más engañoso que un trailer).
Sin negar que la piratería ya tiene ribetes escandalosos -por lo visible e impune-, no es tan claro que su reducción resulte en un mejoramiento exponencial de la industria. Vender cine no es como vender caramelos, y con tantos productos de calidad sin editar, el nicho a explorar -y eventualmente, explotar- con regularidad y conocimiento, es justamente ése, donde realmente vale la disquisición entre precio y calidad.
Horacio Moreno
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario