1 de abril 2016 - 00:00

Murió el Nobel húngaro Kertész

Imre Kertesz reflejó en su obra el horror que vivió de joven en los campos de concentración.
Imre Kertesz reflejó en su obra el horror que vivió de joven en los campos de concentración.
Budapest - Murió ayer a los 86 años Imre Kertész, el único Premio Nobel de Literatura que dio Hungría y autor de una obra literaria y filosófica intensa y brillante. Nacido en una familia judía en Budapest el 9 de noviembre de 1929, cuando tenía sólo 14 años Kertész fue deportado por las autoridades húngaras a Auschwitz y posteriormente al campo de concentración de Buchenwald, donde compartió el horror con otro literato, el español Jorge Semprún (fallecido en 2011). El horror del exterminio nazi, que vivió en primera persona, lo relató tardíamente en "Sin destino", su primera novela, publicada en 1975, es decir, 30 años después del fin de la guerra.

Sin embargo, no empleó la forma de un texto autobiográfico, sino que buscó cierta lejanía creando el personaje de György Köves, el adolescente protagonista que sufre la maquinaria de humillación nazi para acabar con la voluntad de vivir de los prisioneros. Tras la Segunda Guerra Mundial, Kertész trabajó en revistas y hasta como encargado de prensa de un ministerio, pero desde 1953 se volcó a la escritura y la traducción literaria. Aunque antes de "Sin destino" había escrito obras teatrales, desde los años 70 se centró en la narrativa, con obras como "Fiasco" (1988), "Kaddisch para el hijo no nacido" (1990), "Liquidación" (2004), sobre la caída del comunismo en su tierra natal y "Dossier K" (2006), entre otras.

"Sin destino", la más conocida de sus obras, fue rechazada en 1973 por las editoriales de la Hungría comunista. Kertész siempre sostuvo que el nazismo y el comunismo suponían el mismo ejercicio alinéante de poder, aunque con distinto rostro y bandera. De hecho, consideraba el Holocausto no como un locura momentánea o un hecho ligado a una época, sino como una manifestación de la naturaleza del poder en la sociedad.

"Auschwitz me pareció una mera exacerbación de las mismas virtudes para las cuales me educaron desde la infancia", escribió en "Kaddisch por el hijo no nacido", en el que explicó su decisión de no tener descendencia por ese motivo. El escritor reivindicó la literatura como una forma de preservar la memoria, sin sentimentalismos, para intentar comprender.

Kertész denunció que el tema del Holocausto se ha tratado superficialmente y que se debería "hablar sobre ello, reconocerlo y aprender a arrepentirse de lo que sucedió. Esa interpretación le llevó a lanzar incluso comentarios provocativos, como cuando opinó que no es recomendable visitar el campo de concentración de Auschwitz porque se ha convertido "en un parque temático para turistas". Poco después de recibir el Nobel en 2002, afirmó que "los totalitarismos ponen a las personas en situaciones absurdas que no han elegido. La vida se convierte en una alienación; las personas no reconocen sus propios actos y si no asumimos nuestros actos, no asumimos nuestras responsabilidades, y no podemos liberarnos de nuestros comportamientos. No somos libres".

El comité Nobel dijo en 2002, cuando le otorgó el premio, que la obra de Kertész "conserva la frágil experiencia del individuo frente a la bárbara arbitrariedad de la historia". "No me interesa la literatura, la escritura, sino el mecanismo del poder totalitario", aseguró en una entrevista. Fuera de Hungría, la obra de Kertész tuvo gran éxito en Alemania, donde vivió durante largos años. Allí recibió el prestigioso Premio Herder de las letras y el de la Feria del Libro de Leipzig. Tradujo mucho desde el alemán y citaba a escritores como Thoman Mann y Franz Kafka como algunas de sus grandes influencias.

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