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Muti dirige a dos Figaros distintos
El musicólogo italiano Paolo Cascio, responsable del descubrimiento de la ópera «I due Figaro» de Saverio Mercadante.
Periodista: ¿En qué circunstancias realizó este hallazgo?
Paolo Cascio: Había empezado un doctorado en musicología en la Universidad Complutense de Madrid enfocado en la ópera italiana en España a comienzos del siglo XIX. Durante la investigación en los archivos encontré documentación sobre una temporada del Teatro Príncipe de 1826. Yo sabía que Mercadante había pasado cuatro años en la Península Ibérica, pero como nadie había estudiado este período, empecé yo gracias a esta documentación, específicamente cartas de cantantes de la compañía italiana de ese teatro en 1826, y también cartas del empresario que viajó a Italia para hacer la contratación. Leí ahí entonces que una cantante hablaba de una ópera que Mercadante estaba componiendo que se llamaba «I due Figaro».
P.: ¿Qué se sabía hasta ese momento de esta ópera?
P.C.: Se conocía que existía en la producción de Mercadante, aunque no se sabía su ubicación. Empecé a relacionar los datos de esas cartas con periódicos de la época y otros documentos, hasta que fui reconstruyendo adónde había sido trasladado el material musical del Teatro Príncipe luego de su cierre, y era la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Pedí ahí el material no catalogado, vi varias cajas con mucha música, y en una de ellas había un manuscrito de «I due Figaro». Lo estudio, comparo la escritura con otros autógrafos de Mercadante, veo que los datos coinciden con las cartas, y corroboro que se trata del autógrafo, partitura y particellas.
P.: ¿En qué contexto había sido compuesta?
P.C.: Según el contrato que había firmado por varios años con el Teatro Príncipe, debía producir dos óperas por año. Apenas llegado presentó un viejo título que era «Il posto abbandonato», y como segunda compone «I due Figaro». Se programa, se comienza a ensayar, pero 10 días antes del estreno llega inesperadamente una prohibición de representarla, a causa de la «prima donna», Letizia Cortesi, intérprete de Susanna, que había pedido a los directivos del teatro una participación en la recaudación, algo muy común en las compañías. Ellos le contestaron que no podían porque ya se había concedido a Mercadante. Ella se enojó mucho, y además durante los ensayos vio que la «seconda donna» tenía partes muy importantes, menores en cantidad pero iguales o superiores en calidad a las suyas. Entonces recurrió a los favores de su amante, consejero del rey, y me imagino que pidió a cambio de sus favores la prohibición de la ópera. Mercadante por supuesto se enojó muchísimo y se fue, rompiendo el contrato, y dejó el manuscrito en Madrid.
P.: El estreno tuvo que esperar.
P.C.: Pasados nueve años, el Teatro Príncipe recordó este manuscrito, se le ocurrió programar nuevamente la ópera, y se hicieron algunas funciones. Pero ya el panorama operístico italiano había cambiado mucho, la ópera no tuvo mucho éxito pese a que la fama de Mercadante se había extendido, y el autógrafo quedó ahí, hasta que en el 2009 la exhumé.
P.: ¿Cómo se llega de esta exhumación al estreno a cargo de Muti?
P.C.: Tuve posibilidad de contactarme con el Festival de Ravenna, donde Muti tenía desde hacía cinco años el proyecto llamado «Nápoles en Europa», orientado a obras maestras de músicos de ese origen que habían recorrido Europa y proyectado la música napolitana, ya había hecho Jommelli, Cimarosa, Paisiello, y el recorrido estético e histórico debía terminar con una ópera de Mercadante. Estaban pensando qué título proponer, no querían la parte seria de su producción, que es la que se da habitualmente, así que todo encajó de manera mágica. Una vez programada empecé junto a Víctor Sánchez Sánchez el trabajo de hacer la edición crítica, que insumió dos años.
P.: ¿Qué se puede decir sobre el lenguaje musical de esta ópera?
P.C.: En «I due Figaro» es un Rossini metabolizando con Mercadante, pero con muchas cosas que después Bellini y Donizetti imitarán, por ejemplo en el trío de las tres sopranos del primer acto aparece un inciso melódico que después Donizetti escribirá tal cual en un aria de «Maria Stuarda», y eso significa dos cosas: que Donizetti no lo copió, porque no pudo haber conocido «I due Figaro», pero sí que se estaba difundiendo una nueva manera de escribir que Mercadante es el primero en poner de manifiesto. También el duetto de Susanna y Figaro; cuando se ensayaba para la primera producción nos quedamos todos asombrados porque era muy similar a «Capuletti e Montecchi», que es algunos años posterior.
P.: ¿Qué relación tiene el argumento con la trilogía de Beaumarchais?
P.C.: Ninguna, o toda, depende del punto de vista. Un contemporáneo de Beaumarchais, Honoré Martelli, comediógrafo francés, escribió «Les deux Figaros, ou le sujet dune comédie», cuando los tiempos habían cambiado, la Revolución había pasado y la figura de Figaro había perdido completamente la brillantez y la chispa: aquí es un tramposo pero que hace trampas malas. Quiere casar a la hija del Conde y la Condesa, Inés, con un amigo suyo para repartir la dote, es descubierto por el Conde y casi echado del palacio, y mientras tanto Cherubino, que quiere casarse con Inés, tiene que presentarse ante el duque sin revelar su identidad, y dice llamarse Figaro, de ahí el nombre de la ópera. En 1820, después del estreno de «Bodas de Figaro» de Mozart en La Scala, Felice Romani adapta el texto de Martelli para una ópera de Michele Carafa que no tuvo mucho éxito. Mercadante, viendo el suceso de Rossini con «Barbero» y escuchando música española en Madrid, pensó que la proximidad con Sevilla iba a ser un atractivo y retomó este libreto de Romani. No es una ópera ciento por ciento buffa, porque tiene lirismo, melancolía, es un conjunto de experiencias.
Entrevista de Margarita Pollini


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