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"No siempre tener rating significa ser talentoso"
Para Maci, «en una sociedad afecta al psicoanálisis como la nuestra
no se puede evitar una lectura freudiana de la familia de ‘La vuelta
de hogar’, pero si se pone eso por delante, Pinter se vuelve
aburrido».
P.: No todos los guionistas tienen su suerte ¿Fue difícil imponer esta metodología de trabajo?
A.M.: La tira diaria sigue un esquema industrial y quienes deciden cómo se articula cada proyecto son los productores. Yo sólo puedo decir de qué manera me gusta trabajar. Para mí es importante poder revisar retrospectivamente el material escrito y retocarlo si todavía no se grabó. Cuando uno escribe la tira en el día a día, lo hecho hecho está y todo sigue viaje. Lo bueno es que antes de escribir una línea, hablamos bastante con la gente de la productora y tenemos todo el apoyo de Sebastián Ortega, y eso redunda en la calidad del material.
P.: ¿Cuánto influye su experiencia como guionista en la concreción de un éxito televisivo?
A.M.: En primer lugar no hay fórmulas para el éxito. Yo creo mucho en la experiencia, pero también creo que el suceso de «Lalola» fue un golpe de suerte, porque hubo otros proyectos excelentes a los que no les fue tan bien. La televisión es muy exitista, si un programa tiene alto rating se lo considera bueno por definición, cuando no debería ser así. No es bueno que los argentinos seamos tan elitistas. En este país hay gente muy talentosa que queda relegada por razones totalmente arbitrarias.
P.: ¿Usted cree que el exitismo es un síntoma nacional?
A.M.: El escritor Pedro Orgambide en «Memorias de un hombre de bien» dice: «se lo dedico a los argentinos, ese pueblo impedido en su capacidad de admirar». Es un comentario muy fuerte, pero me parece acertado. El mundo anglosajón es capaz de admirar. Si un norteamericano ve a otro norteamericano que le va bien quiere ser como él. Si un argentino ve a otro argentino que le va mejor que a él lo quiere asesinar porque siente que le va a quitar su lugar.
Sería bueno poder corregir esta patología para que todo mejore, ya que esta modalidad está enquistada en todos lados, sobre todo en el ámbito político y la cultural.
P.: ¿Qué rasgo destacaría de sus últimos guiones?
A.M.: El haber vuelto protagonista al ámbito laboral, un elemento que para nosotros fue muy valioso. Cuando en « Lalola» se trabajaba sobre un nuevo ejemplar de la revista, no era solamente utilería que llevaban los actores, sino que había todo un proyecto editorial que se desarrollaba dentro de la historia. Reflejamos a una auténtica familia laboral, de ésas con la que solemos pasar más tiempo que con la propia. En los Pells ese rasgo cobró aún más protagonismo. El canal es el que determina los vínculos, los amores, la modalidad con la que cada cual se conduce, compite, desea, envidia o se frustra. A mí me gusta mucho el trabajo del guión, porque uno se vuelve médico, abogado penalista, experto en sistemas carcelarios o en neuropsiquiátricos. Yo soy licenciado en filosofía y cuando estaba en la facultad tuve una etapa de fascinación con la obra de Michel Foucault. «Historia la locura», «La verdad y las formas jurídicas», «Vigilar y castigar» e «Historia de la sexualidad» me permitieron acceder a cuestiones que yo desconocía, y ahora me ocurre lo mismo como guionista.
P.: ¿Ese canal de ficción es refleja experiencia televisiva o le demandó una investigación previa?
A.M.: Tuvo que ver con una investigación. Yo siempre trabajé de modo independiente, no soy periodista y en los canales siempre me pierdo. Así que tuvimos mucho que aprender. Fuimos al noticiero del canal y vimos cómo trabaja un equipo periodístico. No en vano, en canal 13, al noticiero le dicen en broma «canal 14» porque es otro mundo, con un archivo aparte, un equipo aparte y un distinto modo de proceder.
Entrevista de Patricia Espinosa


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