4 de julio 2012 - 00:00

Novela negra en ambiente exótico

Novela negra en ambiente exótico
Qiu Xiaolong, «Muerte de una heroína roja» (Bs.As., Tusquets, 2012, 440 págs.)

Qiu Xialong es un amante de los espejismos, de situaciones donde nada, o en realidad muy poco, es lo que parece. Eso queda claro desde las primeras páginas de «La muerte de una heroína roja», un policial clásico pero con condimentos propios de este escritor chino que actualmente reside en Estados Unidos. Hay un crimen atroz, un detective que se obsesiona con él, su ayudante fiel, varias mujeres inolvidables y complicidades que involucran al poder político. El escenario es fascinante: la Shangai de principios de los 90, cuando el comunismo iniciaba su lenta pero inexorable apertura al desarrollo económico.

Poco tiene que ver con los detectives a los que ha acostumbrado el policial negro estadounidense, el inspector jefe Chen Cao. Cuadro en ascenso dentro del Partido Comunista chino, en su tiempo libre escribe poemas y tiene práctica en gastronomía (este libro es además una interesante guía sobre platos del lejano oriente). Miembro de la brigada Casos Especiales, Chen no está seguro de su vocación de justiciero ya que no fue su elección, sino que es el Estado quien lo ha puesto allí.

Al igual que otros escritores desencantados con la vida en el comunismo, Xialong es detallista para reflejar las carencias de la vida cotidiana: falta de viviendas, visados rigurosos para salir del país, inflación galopante y, la más dura para Chen y varios de los personajes de este libro, la falta de libre albedrío. Todo es dispuesto por un Estado omnipresente que define la vida de los ciudadanos bajo consignas que hablan de revoluciones y glorias que ya no lo son tanto.

Todo comienza con el hallazgo del cuerpo de una estrella del comunismo, una bella «modelo nacional» que trabajaba en una fábrica y tenía militancia activa en el partido, «verdadero ejemplo para la juventud». Chen comienza a hacer preguntas y llega, para su suerte o desgracia, demasiado lejos ya que el asesinato involucra a altas esferas del poder.

En un mundo de verdades inamovibles, con el recuerdo de la masacre de la plaza Tiananmen, Chen debe ser más cartesiano que nunca. Debe usar una audacia especial con testigos que no hablan mal de los muertos, no escuchan conversaciones ajenas y llegan a reprenderlo por interrogarlos. A esto se sumará el hecho de apelar constantemente a su apariencia de comunista convencido para navegar en aguas en las que cualquier desliz podría terminar costándole caro. Mao, Confucio y la mitología de una cultura milenaria se entremezclan en algunos de los momentos más brillantes de esta historia, que no defrauda, y cuenta con una periodista influyente y seductora, un viejo policía noctámbulo, el excéntrico y divertido dueño de un restaurante ruso, un comisario más cerca de la política que de los crímenes y un enigmático joven que vive los privilegios de pertenecer a la cúpula del partido.

No espere una historia de grandes autores orientales como Kenzaburo Oé o Haruki Murakami. No encontrará ni la inquietante oscuridad del primero ni los dramas existenciales del segundo. Este es un libro para pasarla bien, conocer un mundo distinto y que al mismo tiempo garantiza una buena dosis de sorpresas.

Milton Merlo

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