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Placentero homenaje al viejo cine francés
«La canción de París» es una deliciosa comedia dramática ambientada en un barrio parisiense durante 1936, época de inquietudes sociales y memorables «chansons».
1936. Charles Trenet escribe «Ya dla joie» para Maurice Chevalier, resuena la voz ligera de la rubia Jane Aubert en el tango canción «Si tú vuelves», el poeta del cine René Clair escribe la letra de «A Paris, en cada barrio» para su película «14 de julio», Paul Misraki, con la burlona «Todo va muy bien, señora marquesa» pinta los desastres del momento, y Henri Alibert hace «Le plus beau de tous les tangos» (es aquel que yo bailé entre tus brazos). 1936. El Frente Popular gana las elecciones, impone a Leon Blum como primer ministro, consagra las 40 horas semanales y las vacaciones pagas (con lo que muchos viajan a conocer el mar), pero también se imponen las huelgas constantes y las formaciones especiales de la ultraderecha. Toda esta parte social aparece en la película que ahora vemos, como trasfondo que afecta a los personajes. Las canciones no aparecen, pero en cambio hay otras, de Frank Thomas y Reinhardt Wagner, que, con arreglos algo más actuales, rinden homenaje a la música de los 30. En verdad, toda la película rinde homenaje, no sólo a la música, sino particularmente al cine francés y al espíritu parisiense de los 30. Habrá quien crea que ciertas escenas se inspiran en alguna estridencia americana ambientada en Paris, pero la real inspiración son las viejas películas francesas, sobre todo con canciones, teatros, y algún crimen, como «Entrada de artistas», «Circunstancias atenuantes», y, sobre todo, «La belle équipe», que aquí se llamó «Amor intruso», donde amigos desocupados logran abrir una fonda, y cantan, pero también deben enfrentar a usureros, policías, y viejos amores rencillosos.
Para el caso, los de «Faubourg 36» son artistas cualunques y técnicos que, tras la muerte del dueño, consiguen reabrir el teatrito de variedades donde esperan triunfar. Con ellos están el vecino optimista, una jovencita caída del cielo, un viejo que la pasa escuchando radio, un niño acordeonista. Contra ellos, la madre del niño, un mafioso de barrio con asesor letrado (en historia), y los críticos musicales. Pero como esto es una suerte de fábula, todo terminará bien, salvo para dos o tres de los personajes, por supuesto.
Para el público, también terminará todo bien, en todo sentido. Los artistas son muy agradables, el cuento es agradable, la música se aprecia, y el barrio es de fábula, de cuento de antes. Representa muy bien la vieja Paris (y es todo hecho en estudios de filmación de Praga). Autor, Christopher Barratier, el mismo de aquella delicia que fue «Los coristas», y con el mismo protagonista, el gordito pelado Gérard Jugnot. A reconocer, el ya septuagenario Pierre Richard como el viejo encerrado que sale por sus fueros. A tener en cuenta, la jovencita Nora Arnezeder, que canta, baila, sonríe, muestra las piernas, y encima sabe actuar. Una delicia.
P.S.


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