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Poco serio: el régimen ahora acusa a EE.UU. de injerencia
Militantes prodemocracia escuchan a oradores anti-Mubarak en la plaza Tahrir. El epicentro de las protestas volvió a exhibir ayer concurrencia masiva.
Está claro que los pasos emprendidos hasta ahora por El Cairo «primero aún deben cumplir con las peticiones mínimas del pueblo egipcio», afirmó el portavoz de Obama, Robert Gibbs.
Contacto telefónico
El funcionario se refirió a una conversación telefónica entre el vicepresidente norteamericano, Joseph Biden, y su par egipcio, Omar Suleimán, en la que Washington dejó en claro que «el traspaso ordenado debe comenzar ahora y traer sin retrasos avances inmediatos y sin retorno». Si eso no sucede, las manifestaciones antigubernamentales «serán cada vez más grandes» remarcó.
Como contrapartida ante estas declaraciones, el ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Ahmed Abul Gheit, acusó a Estados Unidos de intentar imponer su voluntad a Egipto exigiéndole reformas inmediatas. «Cuando ustedes hablan de cambios rápidos e inmediatos a un gran país como Egipto, con el que siempre han mantenido las mejores relaciones, ustedes le imponen su voluntad», denunció el ministro, interrogado sobre la llamada telefónica de Biden.
Gheit confesó que estuvo «furioso» con la reacción estadounidense ante los primeros días de manifestaciones en el centro de El Cairo. Pero ahora, dijo pensar que «la administración (de Barack Obama) comprende exactamente las dificultades de la situación y los peligros y riesgos que supondría un escape hacia un caos sin fin», agregó el ministro.
Egipto, el país árabe más poblado, ha cumplido un rol clave desde el tratado de Camp David de 1979, mediante el cual selló la paz con Israel y lo reconoció como país. En función de ello, actuó como regulador de la frecuente hostilidad de otros países árabes o musulmanes, pese a que había mantenido cuatro guerras con Israel desde 1948.
EE.UU. respondió a ese posicionamiento con un fluido trasvase de fondos y asistencia militar, que llegó a 1.300 millones de dólares en 2010.
Interferencia
No sólo hacia Washington es la decepción egipcia, sino también hacia Europa, cuyos gobernantes han mantenido una cordial relación con Mubarak, al que han prodigado notables elogios últimamente.
Suleimán, vicepresidente y actual hombre fuerte de Egipto, descartó que Mubarak esté dispuesto a viajar a Alemania para ingresar en una clínica. «Agradecemos la oferta de (la canciller Angela) Merkel, pero el presidente no necesita tratamiento médico», afirmó en una entrevista. Para el vicepresidente, dicha invitación es una «flagrante interferencia» en los asuntos internos egipcios.
Según publicó el domingo el dominical alemán Bild am Sonntag, Berlín estaría dispuesto a permitir el ingreso al país de Mubarak en el caso de que éste quisiese someterse a un tratamiento médico.
Días atrás, el estadounidense The New York Times había señalado que la estancia del presidente egipcio en una clínica de Heidelberg, en la que fue operado hace casi un año, sería una de las variantes que se barajan para posibilitar al mandatario una retirada digna del poder. Tras la reacción de Suleimán, el Gobierno alemán desmintió ayer de forma tajante cualquier plan para recibir a Mubarak.
Agencias DPA y EFE


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