• "LA EUROZONA PRECISA UN GRADO CONSIDERABLE DE ESTÍMULO", ADVIRTIÓ EL PRESIDENTE DEL BCE Hay siete entidades -entre ellas, la Fed- que consideran que la economía está mejor que lo estimado, y que aumenta el espacio para una política monetaria que rebaje progresivamente el incentivo.
Mensaje. Las Bolsas del mundo acusaron recibo a las palabras de Mario Draghi. Y la peor parte se la llevaron los bonos.
No fue una tormenta en una taza de café. Aunque se levantó furiosa y pareció aplacarse en un santiamén. La desató el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. ¿Adrede o culpa de un malentendido? Cesó el temporal, y no quedó muy claro. ¿Qué nos quiso decir? "La eurozona precisa un grado considerable de estímulo", señaló el romano en una conferencia del BCE en Sintra, Portugal. ¿Considerable pero no "muy sustancial" como en sus anteriores discursos? Se entendió, pues, como el aviso de un punto de inflexión. ¿Es la antesala del final de la expansión cuantitativa? Sin titubear, sin aguardar por la respuesta, se disparó el euro, y la tasa de los bunds alemanes. En el acto, las acciones europeas cayeron a sus mínimos de dos meses. Se viene el "tapering", fue la traducción simultánea. O mejor dicho, un próximo anuncio -quizás en septiembre- de que las compras de bonos por parte del BCE no proseguirán (o serán recortadas) después de diciembre. Las chances asignadas a una suba de tasas en el Viejo Continente treparon al 50%. ¿Para cuándo? Junio de 2018. Se sabe que el BCE no producirá cambios repentinos. La brusquedad corre por cuenta exclusiva de los mercados y sus vaivenes anímicos. Así como la velocidad del contagio. Las Bolsas del mundo acusaron recibo, y sobre todo la plaza internacional de bonos, los que fueron -estos últimos- salvajemente pasados a cuchillo.
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"No es ese el mensaje", dicen los voceros de Draghi en "off". Y lo afirma Vitor Costancio, el vice del BCE, a cara descubierta. "Necesitamos persistir si queremos cumplir nuestro objetivo de inflación". ¿Falsa alarma? ¿Malentendido, entonces? Tiene razón quizás, pero marche preso. No ayudó que Draghi encontrase sonora compañía. Al días siguiente, Mark Carney, del Banco de Inglaterra, y Stephen Poloz, del Banco de Canadá, abrieron el paraguas de respectivas subas de tasas. Y si se pasa el peine fino, se pueden contar siete bancos centrales -incluyendo la Fed en su última reunión y sus pares de Noruega, Australia y Nueva Zelanda- que ejecutan cada uno su partitura, pero todos con un carácter molto vivace. ¿Y qué es lo que se escucha en común? Que la economía está mejor que lo estimado, y que aumenta el espacio para una política monetaria que rebaje progresivamente el estímulo.
No es la melodía, por cierto, que entonaba el mercado de bonos. La caída sostenida de las tasas largas y el aplanamiento de la curva de rendimientos transitaban por la misma avenida donde sopla el discurso renovado de las autoridades monetarias. El choque de estilos no podía ser más frontal. De ahí, el "tantrum" ("berrinche"). Ni la economía está tan débil ni la política monetaria debe hacer mutis por el foro fue la réplica de la banca central. ¿Casualidad? ¿Equívoco? Conste que para los bonos fue un cross a la mandíbula. La renta fija se derritió (aunque no tanto como en los "tantrums" de 2013 y 2015). El bund alemán a 10 años ajustó su rinde 21 puntos base en cuatro ruedas. Estuvo a un tris de duplicarse. Pasó de 0,25% a 0,46% anual. Y la tasa del bono del Tesoro de los EE.UU. escaló 15 puntos base. Sin visos de recuperación el viernes, cerró en 2,30%. Como para que cese la difusión de ideas subversivas.
La Bolsa capeó mejor el temporal. El jueves el VIX -el termómetro de la volatilidad implícita en las acciones-ensayó el salto (intradiario) más grande desde el "brexit", pero, a diferencia de lo que ocurrió con los bonos, el susto pasó rápido. Mejor así porque no hay bicicleta más popular en Wall Street que vender el VIX. Y tener que dar vuelta la posición -o aminorar la exposición en Bolsa- sería un trastorno. Sin embargo, que los bancos centrales defiendan la solidez de la economía es agua para su molino, y pesó a favor. De momento, le resolvió también el fastidio de la pulseada con los bonos. Con una inflación tan por debajo de las metas (Gran Bretaña es la única excepción) tampoco hay ningún endurecimiento monetario a la vuelta de la esquina. Ni la Fed ni el BCE se anotarán. Sí se hará presente la temporada de balances. Y promete ser el pasaporte para una próxima genuina satisfacción.
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