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Quincy Jones, por debajo de su leyenda

Luego de 15 años de inactividad en lo que se refiere a su propia música, el legendario Quincy Jones volvio a entrar a un estudio para grabar algo parecido a un disco propio. Decimos algo parecido porque, en realidad, es un disco en el que cada tema incluye un invitado minuciosamente elegido para darle un toque moderno a la música de un gigante que no debería estar preocupado por lucir demodé. Pero, en fin, así son los músicos, y su comprensible inseguridad es lo que enriquece y al mismo tiempo debilita un disco que no es precisamente lo mejor del hombre que inventó a Michael Jackson, orquestó a Miles Davis y aportó todo tipo de sonidos personales al jazz y el soul de las décadas de 1960 y 1970
Los fans del ex marido de Nastassia Kinsky pueden brillar de felicidad al escuchar el primer track de este «Soul Bossa Nostra», nada menos que un contundente remix de uno de los máximos exponentes del viejo y buen sonido soul orquestal de Quincy, el tema de la serie «Ironside», para luego decepcionarse levemente al entender que, al final, es sólo una especie de remix hip hop de aquel glorioso clásico. Una vez entendido este concepto, el empeño de Quincy por sonar aggionarnado se acepta más fácilmente. Hay una versión muy divertida del tema de Austin Powers, es decir el «Soul Bossa Nova», que incluía el piano de Lalo Schifrin y saxos y flautas de Roland Kirk, pero que ahora, convertido en «Soul Bossa Nostra» está también «modernizado», por suerte, no demasiado.
Algunos de los mejores temas del disco son ciento por ciento pop, o hip hop, o incluso, super soul, tal como lo que uno podría esperar de Quincy Jones. En este sentido, «Get the funk out of my face» justifica por sí solo la existencia de este disco que siendo superior a casi cualquier sonido soul reciente, probablemente no esté a la altura de la leyenda en cuestión.
Diego Curubeto


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