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Revuelo en Israel por las “judías talibanas”
La imagen muestra a seguidores de una secta que interpreta radicalmente el proceso «tznuit», en Yemen. Su presencia en Israel desde 2006 resultó novedosa y genera polémica por sus costumbres extremas.
Los talibanes arribaron a las puertas de Jerusalén, según deducen los habitantes de Beit Shemesh cuando cada mañana ven llegar mujeres cubiertas de la cabeza a los pies con burkas negros.
Pero esta vez nada tiene que ver el Islam ya que se trata de adeptas a una secta ultra judía que acompañan a la escuela a sus hijas, también ataviadas con oscuras capuchas y con los rostros rigurosamente velados. La prensa laica se inquieta y habla de ellas como las «judías talibanas».
La suya es una forma extrema de religiosidad, que en Israel comenzó a tomar forma en 2006 y hoy cuenta ya con centenares de fieles en todo el país. Reconocerlas en medio de la multitud es fácil: son hijas de una interpretación radical del precepto hebreo del «tzniut», que impone a las mujeres modestia en el vestir a fin de no atraer las miradas y la concupiscencia masculinas. Pies y cabeza cubiertas, mangas hasta el codo, faldas hasta la rodilla: las mujeres «harediot», literalmente «timoratas», visten todas así y son centenares de miles, en aumento constante en el país.
Pero las «talibanas» van más allá, no muestran ni un centímetro de piel. «Un hombre que ve parte del cuerpo femenino resulta sexualmente estimulado, y esto lo lleva a pecar. Nuestra vestimenta nos salva a nosotras, y salva a los hombres de sí mismos», explican.
Argumentos
En esta lógica también las niñas deben ser cubiertas: «Algunos hombres las miran como objetos sexuales y además los valores deben enseñarse desde la más tierna edad», argumentan las madres de negro.
La visión de las pequeñas envueltas en metros de tela logró levantar más de una ceja y así el Consejo Nacional para la Infancia pidió al Ministerio de Bienestar que indague por qué las niñas son adoctrinadas en escuelas aparte, gestionadas por sus madres.
Y nadie vigila sobre los métodos empleados en estos departamentos convertidos en aulas, ni sobre el programa pedagógico. El enconado debate bulle, así como el respeto a la «Halaja», la ley religiosa, el tema más general de la identidad judía.
Un asunto que, por curiosa coincidencia, en estos días asomó también en el Parlamento de Israel (Knesset), donde se celebró en una atmósfera no exenta de contrastes entre partidos de derecha y representantes de la minoría árabe, la primera «Jornada de la identidad hebrea».
En suma, diputados y diputadas discutieron sobre cómo preservar las raíces étnico-religiosas en las generaciones más jóvenes.
De los exponentes del ala dura del Likud, el partido del premier Benjamin Netanyahu, llegó una respuesta clara: desalentar de todos los modos los matrimonios mixtos, en particular con los árabes, como advirtió la nacionalista Tzipi Hotovely.
La propuesta generó acusaciones de racismo y de «atentado a la democracia israelí» tanto adentro del recinto como en los periódicos. Y la polémica, también aquí, parece muy lejos de aplacarse.
Agencia ANSA


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