26 de enero 2016 - 00:00

Sabrina Artaza, en un diluvio que nunca cesa

Sabrina Artaza: “Cuando se estrenó ‘El diluvio que viene’ era muy fuerte mostrar a una adolescente enamorada de un cura, que era el único soltero de la aldea. Hoy está ‘Esperanza mía’ y nadie se altera por eso”.
Sabrina Artaza: “Cuando se estrenó ‘El diluvio que viene’ era muy fuerte mostrar a una adolescente enamorada de un cura, que era el único soltero de la aldea. Hoy está ‘Esperanza mía’ y nadie se altera por eso”.
 Su madre, exbailarina, fue "una Bluebell Girl" y su padre, Nito, es uno de los artistas y empresarios que más gravitaron y aún lo hacen en la revista porteña. Pero aunque Sabrina Artaza lleve ese rubro en la sangre y lo haya cultivado con orgullo, hoy dice que su verdadera vocación es, y ha sido, la comedia musical. Como prueba de su fervor por el género, enseña el tatuaje que lleva en la nuca: el logo de "La Bella y la Bestia", uno de sus musicales favoritos. La joven actriz, cantante y bailarina, cuenta con una apreciable trayectoria sobre el escenario, pero su gran oportunidad llegó con "Priscilla, la reina del desierto", en un papel secundario que, sin embargo, le permitió lucirse, y por el que luego fue premiada.

En estos días disfruta de su primer protagónico en un musical. Se trata de la nueva puesta de "El diluvio que viene", que se exhibe en el Teatro Ópera los viernes y sábados, bajo la dirección de Manuel González Gil.

Esta ya clásica fábula musical de origen italiano (libro de Iaia Fiastri y música de Armando Trovaioli) narra las peripecias del padre Silvestre (Juan Durán), párroco de un pueblito de montaña, a quien Dios le ordena la construcción de un arca ante la inminencia de un Segundo Diluvio Universal. En el transcurso de esta misión, el sacerdote deberá enfrentar varias pruebas, entre ellas, la tenaz oposición del alcalde Don Crispín (Pablo Nápoli) y la llegada de una prostituta (Deborah Turza) que alborota a los hombres del pueblo. También tiene que manejar la atracción que lo une a Clementina, la hija adolescente de Don Crispín (papel a cargo de Artaza). Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Ya conocía este musical?

Sabrina Artaza:
Lo conocí en una muestra de la escuela de comedia musical de Darío Pretuzio, donde estudié tres años. Después la vi dos veces más, en el Nacional y en el Lola Membrives. Debe ser el musical que más se hizo en Buenos Aires desde su estreno, en 1979. Su mensaje me parece humano y solidario. "El diluvio..." es como un cuentito bien narrado, lleno de humor e inocencia y con personajes adorables. Es naïf, pero sólo en apariencia. Porque también critica al poder político y al clero. Y además abre debate sobre el celibato de los sacerdotes.

P.: La historia de amor entre Clementina y el padre Silvestre termina siendo platónica...

S.A.:
Imagínese que en aquellos años era muy fuerte mostrar a una adolescente enamorada de un cura, que era el único soltero de la aldea. Finalmente ella termina siendo de una gran ayuda en la construcción del arca. Igual, eso fue algo muy fuerte para la Iglesia de aquel momento. Hoy, en cambio, está "Esperanza mía", donde el cura se queda con la chica y tienen hijos y nadie se altera.

P.: ¿Deja un mensaje la obra?

S.A.:
Además de poner en tela de juicio el tema de la fe y las creencias, habla de la importancia de predicar con el ejemplo y de no juzgar al otro. El título original, "Aggiungi un posto a tavola", que da nombre al tema que se canta al comienzo y al final, habla de incluir en la mesa a alguien más sin importar lo que haya hecho. Hay que saber perdonar. Ese es otro de los mensajes de la obra.

P.: La puesta de 1979 incluía algunos trucos muy poéticos, como el vuelo de una paloma trayendo la paz.

S.A.:
Eso se mantuvo, y como Juan Durán, además de actor, y cantante es mago, incluyó algunos trucos más. Hay un escenario giratorio con la misma escenografía de los '70 porque es una obra clásica que no pasa de moda. De hecho, la gente me escribe diciéndome que fue el primer espectáculo que vieron cuando tenían diez o trece años, y ahora quieren volver con sus hijos y sus nietos. Este musical fue visto por más de 3 millones de argentinos.

P.: Muchos piensan que usted debutó en el teatro gracias a su padre, cuando no fue así...

S.A.:
Yo me crié en Trelew con mamá, y allí estudié salsa, hip hop. Mucho más no se podía hacer. A los 17 años me vine a estudiar a Buenos Aires con la idea de ser bailarina. Pero papá quería que siguiera alguna carrera clásica, como medicina o abogacía, así que estudié tres años de periodismo hasta que me decidí: si lo que quiero es cantar, bailar y actuar, el momento de aprender es ahora. Cuando papá se metió en política tenía alquilado el teatro Broadway y me pidió que lo ayudara a administrarlo. Justo en ese momento estaba Daniel Comba, con "El carnaval de estrellas", y un día se acercó a la oficina para decirme: "A Floppy Tesouro se le explotó un pecho, uno de sus implantes mamarios, y tienen que intervenirla. ¿Te animás a hacer lo que hace ella?". No lo dudé, y terminé haciendo temporada con ellos. Después me llamaron para otros espectáculos hasta que decidí cortar con ese rubro porque sentía que era mi techo. Costó que me llamaran para hacer comedia musical. Hoy me sigo formando y también tengo varios proyectos con amigos: en marzo reestrenamos "2012. Una obra que atrasa" en el Teatro Nün (Velasco 419), y en abril debutamos en el Maipo Kabaret con "¿No entendés que es amor?", un melodrama con boleros creado y dirigido por Anita Valli, con dirección musical de Hernán Matorra.

Entrevista de Patricia Espinosa

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