21 de septiembre 2010 - 00:00

“Serse” encontró su justo paso de comedia

Fue un acierto el haber dejado la puesta en manos de Pablo Maritano, joven director de escena especialmente dotado para la comedia, tal como lo pide el «Serse» de Händel.
Fue un acierto el haber dejado la puesta en manos de Pablo Maritano, joven director de escena especialmente dotado para la comedia, tal como lo pide el «Serse» de Händel.
«Serse», ópera en tres actos de G. F. HTMndel. Lib. basado en textos de N. Minato y S. Stampiglia. Orquesta y Coro Buenos Aires Lírica. Puesta en Esc.: P. Maritano. Dir. musical: Alejo Pérez. Buenos Aires Lírica. (Teatro Avenida).

Buenos Aires Lírica, asociación que siempre le ha dado el necesario lugar en sus temporadas a la ópera barroca y que muestra una marcada predilección por los títulos de HTMndel (ya ofreció «Rodelinda» y «Agrippina» en sus estaciones 2004 y 2007, respectivamente) trae ahora a escena «Serse». Se trata de una ópera particular dentro de la producción del compositor, sobre todo por un ingrediente cómico insoslayable. En este sentido, fue un acierto el haber dejado la puesta en manos de Pablo Maritano, joven director de escena especialmente dotado para la comedia, como ya había quedado en evidencia con su «Italiana in Algeri» del 2008.

El planteo de Maritano apeló a un vestuario decimonónico (magníficamente diseñado por Sofía Di Nunzio) y una escenografía ecléctica y funcional (obra de María José Besozzi), en composiciones cromáticas de gran belleza. Pero todo esto sería sólo un marco hueco sin una dirección actoral clara, y aquí también Maritano mostró ser fiel a sus ideas. Los numerosos «gags», muy festejados por el público, no entorpecieron la acción sino que le otorgaron dinamismo.

El aspecto musical también estuvo bien resuelto, ya que (al igual que en el «Giulio Cesare» de La Plata) se recurrió a una orquesta «moderna» apoyada en un continuo de especialistas; en este caso fueron el clavecinista Manuel De Olaso, el teorbista Igor Herzog (responsable también de la preparación musical) y la cellista Eva Sola, quien brilló además en un breve arioso del segundo acto. Al frente del ensamble, Alejo Pérez imprimió «tempi» ágiles, mostró su habitual seguridad y llevó a cabo un excelente trabajo de concertación.

Otro acierto: haber convocado a un elenco de artistas que en casi todos los casos cuentan con gran trayectoria en el canto barroco. La mezzo argentina Rosa Domínguez (activa en Europa desde hace dos décadas) mostró solvencia para sortear las enormes dificultades del rol protagónico, apelando especialmente a la inteligencia, el buen gusto y la técnica, e impecable a todo nivel fue el desempeño del contratenor brasileño José Lemos (Arsamene).

Pero hubo dos artistas que hicieron de sus personajes extraordinarias creaciones, poniendo toda su solvencia vocal y actoral al servicio de la música y la acción: Marisú Pavón (Atalanta, la manipuladora hermana de Romilda) y Norberto Marcos (Elviro, el cómico sirviente de Arsamene).

Menos convincentes resultaron, aunque por distintas razones, la soprano cordobesa Ivanna Speranza (Romilda), quien no integró totalmente al estilo su notable instrumento vocal, y la mezzo húngara Klara Csordás, cuya voz de escasa proyección hizo inaudibles algunos pasajes de su Amastre. Con su eficacia habitual, el Coro preparado por Juan Casasbellas completó una producción para disfrutar de principio a fin, ideal para descubrir el lado más ameno del genio de HTMndel.

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