3 de noviembre 2008 - 00:00

Sobresale Gumier Maier en una colectiva

Gumier Maierexhibe enBragaMenéndez lamuestra másbarroca,expresiva ygozosa de suextensatrayectoria.
Gumier Maier exhibe en Braga Menéndez la muestra más barroca, expresiva y gozosa de su extensa trayectoria.
En la galería Braga Menéndez se exhiben las muestras de Cristina Schiavi, Pablo Lozano y Jorge Gumier Maier. En la primera sala está «Living», término usado por Schiavi en su doble acepción de «vivir» y de lugar de encuentro o simplemente de estar. Con sus paredes rojas, el espacio contiene obras que se fusionan con el diseño de líneas modernistas, y está dominado por la fotocopia de una pintura expresionista y un puff circular que lleva impresos unos óvalos que son la marca registrada de la artista.

Las líneas rigurosas de una lámpara que se asemeja a una mujer con sombrero, y de los muebles que conforman el mobiliario, están interrumpidas por el abstracto habitante del lugar, por un portarretratos cibernético que le aporta al living sonido y movimiento y por la obra de Gumier Maier, artista invitado por Schiavi a participar de su muestra con «Toba», una cabra que pareciera parodiar con su humor vernáculo los célebres toros de Picasso.

Sobre las paredes de la amplia sala de la planta baja, las pinturas de Lozano deparan con su levedad y gracia el más puro placer visual. Sobre los soportes blancos de las telas y el acabado metálico del acero inoxidable, unas cintas de colores parecen ejecutar una danza.

Se trata de líneas que ondulan y se mecen, que descienden y expanden sus curvas por la superficie de los cuadros, como si estuvieran agitadas por el viento.

Hay una belleza desprejuiciada en los estudiados matices de los fondos blancos, y también en los bajorrelieves que dibujan las cintas y que acentúa el metal y, hay, además, un lirismo que enfatiza la armonía de las pinturas reunidas en su conjunto, como un cuerpo de baile. El arte de Lozano tiene como referente el cinetismo, pero, en su caso, el movimiento se subordina al carácter poético y musical de las obras.

En el piso superior, junto al incomparable eclecticismo de la trastienda de Braga Menéndez, Gumier Maier exhibe la muestra más barroca, expresiva y gozosa de su extensa trayectoria. Hace ya varios años que el artista abandonó su cargo de curador del Centro Cultural Rojas, desde el cual impulsó la estética que dominó la década del 90. Luego, profundizó su aislamiento cuando se fue a vivir y a trabajar al Tigre. Fue entonces cuando cambió los elegantes materiales de su producción anterior por los desechos que navegan las mareas. Sagaz experto en los juegos del color y la forma, Gumier Maier se las ingenió para encontrar los objetos con mayor gracia, los más radiantes y coloridos que llegan a las orillas del río color león.

Para la actual exhibición, acaso con la intención de demostrar que su estética sobrevive al cambio y coincide con su forma de vida, trasladó su casa del Tigre a la galería. Allí dispuso las sillas de hierro enrulado del jardín, los cuadros con marcos de caña, las esculturas rebosantes de plásticos y desperdicios que sus manos transforman en estupendas obras de arte, y las juguetonas composiciones realizadas con envases y restos de los banquetes de la gente del lugar.

Las delicadas pinturas de la naturaleza, los estantes color rosa, los papeles doblados y recortados con la paciencia de un artesano y la serie de objetos resignificados con afán ornamental, decoran las paredes de la sala sobre las que Gumier Maier escribió con lápiz la siguiente dedicatoria: «Les dedico esta muestra a mis amigos del arroyo Santa Rosa y a El Toba de Tacuarendí». En suma, como un Robinson Crusoe de este siglo, sin resignar la influencia de la historia del arte pero con apenas unas latas de pintura y unas tijeras, Gumier Maier brinda la lección de un verdadero maestro.

A.M.Q.

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