Sobresalió Corella en gala de ballet

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Segunda Gala de Ballet de Buenos Aires. Bailarines: P. Semionova, D. Semionov, M. Núñez, T. Soares, A. Corella, C. Corella, D. Vera, D. Simkin, I. Salenko, S. Perillo, E. Trabalón, J. Paul, Bautista Parada (Abono ARS, Teatro Coliseo). 

Un seleccionado de las máximas figuras de la danza clásica actual se dio cita para la Gala de Ballet que tuvo lugar en tres noches sucesivas (de las cuales se comenta aquí la primera) en el Teatro Coliseo. Hubo un crescendo en la «temperatura» hasta la mitad del bloque inicial: después de una intervención de alumnos de la fundación Julio Bocca, casi una muestra de fin de año que resultó descontextualizada en un menú de semejante nivel, siguió «After the rain» de Christopher Wheeldon, a cargo de Carmen Corella y Dayron Vera (Barcelona Ballet); más tarde el «Grand pas classique» de Gvsovsky-Auber donde Silvina Perillo y Edgardo Trabalón representaron brillantemente al Teatro Colón, como lo volverían a hacer en la segunda parte con «A Buenos Aires», la sensual pieza de Mollajoli. El Argentino tuvo como embajadores a Julieta Paul y Bautista Parada, exhibiendo garra y destreza en un fragmento de la «Carmen» de Marcia Haydée.

Polina Semionova y Dimitri Semionov (Stuttgart Ballet), apolíneos y extraordinarios bailarines, brindaron soberbias versiones del «Duet» de Jasemine Bigo y más tarde del pas de deux de «El corsario», ella con elegancia y e increíble seguridad en sus «fouettés» y él con saltos perfectos.

Tal vez la presencia más esperada de la noche era Ángel Corella, quien hizo honor a la expectativa primero en un solo hecho a su medida de indescriptible virtuosismo («The fall», de Russel Drucker), y en la segunda parte a dúo con su espigada hermana en «Soleá», bellísima creación de María Pagés, también moldeada sobre lo mejor de cada uno. La simpatía ilimitada de ambos y la energía inagotable de Ángel, que parece no poder dejar de fascinar con sus «pirouettes» ni siquiera en el saludo, quebraron el «aplausómetro».

El retorno de Daniil Simkin, el pequeño «joven maravilla» ruso del ABT, que además de cortar el aliento en el pas de deux de «Les flammes de Paris» junto a la excepcional Iana Salenko tuvo la generosidad de repetir «Les bourgeois», sobre la canción de Brel, con el que deslumbrara el año pasado, incluyó también un bello dúo (también con Salenko) sobre las «Variaciones Goldberg» de Bach firmado por Annabelle López Ochoa, y confirmó el delirio que este fenomenal bailarín puede despertar en el público de cualquier latitud.

Otra presencia ovacionada fue la de la pareja integrada por Marianela Núñez y Thiago Soares (Royal Opera House), sensacionales en la veta clásica (pas de deux del cisne negro de «Lago») y neoclásica («Winter dreams» de Kenneth MacMillan, aquí con un plus de imprescindible expresividad y labor actoral), cerrando un festín irrepetible.

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