27 de noviembre 2009 - 00:00

Soldini: “El cine de Antonioni fue mi modelo”

Silvio Soldini: «‘Pan y tulipanes’ es la clase de cine que menos hago. Mi cine es dramático, no me dedico a la comedia».
Silvio Soldini: «‘Pan y tulipanes’ es la clase de cine que menos hago. Mi cine es dramático, no me dedico a la comedia».
Serio, de frases cortas dichas en voz baja, Silvio Soldini («Pan y tulipanes», «Sonrisas y lágrimas») abre hoy en persona la retrospectiva que le dedica el 2° Milan-Cine en Sala Lugones. Dialogamos con él:

Periodista: Acá se estrenaron solo dos films suyos. Otros dos se vieron solo en Pantalla Pinamar. ¿Qué nos cuenta del resto?

Silvio Soldini: Mi primer largo, «El aire sereno del Oeste», habla de cuatro personas que no se conocen entre sí. Habla de la atmósfera de los 80, cuando cada uno se vuelve a sí mismo, pierde contacto con los demás, después de la gran apertura de los 60 y 70, cuando creíamos que íbamos a cambiar el mundo. En el 89 cae el Muro, cambia el mundo, y mis personajes tienen problemas para cambiar pequeñas cosas. Es quizá mi film más declaradamente seguidor de Antonioni. Él era mi modelo.

P.: ¿Qué le atraía de Antonioni?

S.S.: Todo lo que podía contar dentro del encuadre, cómo cada encuadre dice más de lo que parece a simple vista, la tensión que logra en cada imagen. Aún sigo su ejemplo, pero, por supuesto, mis historias son otras, y el ritmo que les imprimo también es distinto. Mi ritmo es siempre más dinámico. Después hice «Un alma partida en dos», relación de un guardia de seguridad y una gitana, un hombre que se abre a otra cultura, y «Las acróbatas», una del norte, otra del sur, un film un poco particular, muy «femminile». Y tras haber hecho tres films serios quise probar algo diverso, ligero, donde miro con ironía a mis personajes, los hago graciosos, «Pan y tulipanes».

P.: Su gran éxito. Por él todos creímos que su fuerte eran las comedias.

S.S.: Al contrario, es lo que menos hago. El siguiente fue mi film más dramático, «Brucio nel vento», sobre dos inmigrantes de Europa del Este en Suiza, donde nací. El tema es la difícil aceptación. Se percibe todos los días, quien llega de afuera es visto con miedo, como alguien distinto e inferior. Eso pasó aquí con los italianos.

P.: Más bien se los vio como graciosos, con el cocoliche. ¿Qué pasó con los italianos que emigraron a Suiza, hasta hace solo dos generaciones?

S.S.: Nadie recuerda eso. Olvidar es fácil. Y los sicilianos y calabreses que iban a trabajar a Milán, donde les decían «africanos», hoy se sienten bien porque hay africanos verdaderos más abajo que ellos. Después hice «Agata y la tempestad», sobre inestabilidades afectivas y de identidad, y «Giorni e nuvoli», que ustedes conocen como «Sonrisas y lágrimas». No me gusta ese título, el distribuidor no pidió mi opinión para ponerlo. Acá voy a presentar a los estudiantes una parte de mi nuevo film, «Cosa voglio di piú», una historia de amor muy pasional entre dos empleados de 30 años, ella tiene marido, él esposa y dos hijos. La pasión mete todo en crisis. Lo ambiento en el mundo del «precariato», de quienes no llegan a fin de mes y como son simplemente empleados (de oficina, de catering) son fácilmente reemplazables. No son gente de oficio. Creo que sigue un poco el análisis de «Giorni e nuvoli» sobre la Italia actual. Que no es sólo la Italia, porque de gira por el mundo mucha gente que había visto el film se acercaba a contarme su propia historia, muy parecida.

P.: Acá es número fijo en el catálogo de videos piratas.

S.S.: Lo sé y no me hace gracia.

P.: Hasta ahí la retrospectiva en la Lugones. Pero además también trajo su último documental, «Un piede in terra e laltro in mare», sobre gente de Liguria.

S.S.: Traté de entender qué es ser ligure. Encontré gente que trabaja la tierra, o el mar, como un capitán de barco de 70 años, un portuario, un pequeño terrateniente de 30 que revitalizó un viñedo, allá es difícil cultivar la tierra, todo empinado, mucha piedra. Me gusta hacer documentales, enriquecen mucho mi conocimiento del mundo. Cuando escribo busco entrar en mis personajes. Cuando hago un documental los personajes reales salen ante mi vista. Pero verlos requiere cierta experiencia, una predisposición.

P.: Ya que está aprovecho a preguntarle por un milanés que sabe de eso y apreciamos mucho, Ermanno Olmi.

S.S.: Envejece. Después de «Cento chiodi» (visto solo en Pinamar) decidió que hará solo cortos documentales. Acá se verá «El premio». Se ha vuelto un viejo sabio. Ya era sabio cuando hizo «El árbol de los zuecos», hace como 30 años. Ninguno en Lombardía alcanzó su nivel poético, ni humano. Sigue su escuela. Para muchos es un maestro.

P.: ¿Y usted pudo conocer a su maestro Antonioni?

S.S.: Desgraciadamente, cuando lo conocí, en una ceremonia, él ya no podía hablar más. Solo pudimos estrecharnos las manos, y no sé si sabía bien quién era yo. Pero sé, por su secretaria, que había visto «Pan y tulipanes» y le había gustado.

Entrevista de Paraná Sendrós

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