22 de agosto 2012 - 00:00

TangoContempo no tuvo su mejor noche en el Colón

TangoContempo dentro del Festival y Mundial de Tango en el Teatro Colón: concierto monocorde, con escasa sorpresa, y hasta tradicionalista en sus aspectos generales.
TangoContempo dentro del Festival y Mundial de Tango en el Teatro Colón: concierto monocorde, con escasa sorpresa, y hasta tradicionalista en sus aspectos generales.
«Tangota. Festival y Mundial». Actuación de la agrupación TangoContempo e invitados (Teatro Colón, 20 de agosto). 

TangoContempo es un colectivo heterogéneo que reúne a una serie de músicos que integran la escena actual del tango porteño. Más dirigido a la autogestión y a la intención de abrirse paso entre otras músicas y géneros, tiene sin embargo algunas especificidades estéticas: sus integrantes apuntan sobre todo a expresiones instrumentales y a la presentación de nuevas composiciones por sobre los clásicos, y concentran a artistas de entre 30 y 45 años, aunque suelen tener a instrumentistas mayores como invitados.

De esta agrupación fundada por el guitarrista Esteban Falabella hace cinco años, ya surgieron algunas producciones discográficas y una orquesta de cuerdas -extrañamente, más barroca que tanguera- que bautizaron Elvino Vardaro en homenaje al gran violinista de los años 20 y 30. Bajo ese rótulo, suelen armar ciclos en clubes de música de la ciudad con una respuesta de público aceptable pero jamás masiva. Por lo que seguramente fue una fiesta para ellos el encontrarse, sin dudas empujado por el impulso y el atractivo que tienen los festivales gratuitos, con la sala del Colón repleta para compartir algunas de estas expresiones «modernas» del tango en Buenos Aires.

Sin embargo, lo que sucedió estuvo lejos de representar lo mejor de la mayoría de estos músicos, sino un concierto monocorde, con escasa sorpresa, y hasta tradicionalista en sus aspectos generales. A razón de dos o tres piezas por conjunto, pasaron el sexteto de Nicolás Guerschberg, los quintetos Viceversa y El Descarte, los tríos Boero-Gallardo-Gómez y Quasimodo, y el dúo de Cristian Zárate y Leonardo Sánchez. A ellos se sumó, para todos los temas, la orquesta Elvino Vardaro, y aparecieron como invitados los violinistas Leonardo Ferreyra -en una noche muy poco feliz- y Pablo Agri -con un homenaje a su padre Antonio- y el bandoneonista Julio Pane -otro invitado anunciado, Néstor Marconi, faltó a la cita sin que se aclarara por qué.

Más allá de las pequeñas variantes en las formaciones, el espíritu piazzolleano rondó por todo el recital, fuera en la constitución de los quintetos prototípicos en el marplatense, fuera en los fugados de varias composiciones, fuera en su tipo melódico o en la dinámica de las obras. Y todos evitaron arriesgar más allá de expresiones que fueron modernas hace 50 o 60 años y que hoy ya son parte de la historia y de hasta de la tradición.

Apenas el sexteto del pianista Guerschberg en el arranque -aunque menos atrevido que cuando hace un concierto propio o sus discos-, el virtuosismo del joven bandoneonista Leonardo Greco en la versión de «Vardarito» de Piazzolla, o la obra de Pane con que cerraron con el bandoneonista dirigiendo una orquesta ampliada y más tanguera, lograron romper la medianía. Y tampoco ayudó la idea de tocar sin amplificación aprovechando la muy buena acústica del teatro: arreglos concebidos para sonar con micrófonos y músicos que no siempre tienen los recursos técnicos o los instrumentos para tocar de ese modo, resultaron en desequilibrios de ecualización y en audiciones dificultosas para solistas que en muchos casos quedaron escondidos detrás de la orquesta.

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