21 de enero 2010 - 00:00

Terceras partes que deslumbran

Claudia Lapacó brinda una composición de gran solidez como la malvada sultana Feyza, en la tercera y, desde todo punto de vista, inmejorable versión del musical de Pepe Cibrián y Ängel Mahler.
Claudia Lapacó brinda una composición de gran solidez como la malvada sultana Feyza, en la tercera y, desde todo punto de vista, inmejorable versión del musical de Pepe Cibrián y Ängel Mahler.
«Las mil y una noches». Libro, letras, puesta en esc., coreog. y dir.: P. Cibrián Campoy. Músi., orquestaciones y dir. mus.: A. Mahler. Esc.: R.Diviú. Vest.: A. Miranda. Dis. de sonido: O. Mahler. Arreglos y dir. coros: C. Di Palma.(Teatro El Nacional).

Para la tercera versión del musical sobre «Las mil y una noches», Cibrián-Mahler optaron por una puesta que prescinde de escenografías monumentales (sólo hay una gran fachada de un castillo en los tramos finales), y de grandes escenas masivas sin justificación dramática. Quizá sea ésa la mayor diferencia con respecto a las otras dos (la primera de ellas, en el Luna Park en 2001).

La historia del sultán Solimán, su deslumbramiento por la belleza y la persuasión de Elena, la esclava que lo enamora luego de que ésta le relata cada noche un cuento distinto, y la relación edípica que establece con su madre, la sultana Feyza, quien acaba trágicamente, ocupan la totalidad del espectáculo.

«Las mil y una noches» es una comedia musical visualmente deslumbrante, merced a la confluencia de un diseño de luces excepcional, buen gusto en todos los elementos escénicos, un vestuario fastuoso, y una partitura musical, ejecutada en vivo, con la dirección de Ángel Mahler.

Pepe Cibrián Campoy fue el artífice de varios de los rubros que incluyen la coreografía (sin ser específicamente coreógrafo) y la autoría del libreto y las letras. Como correlato están las danzas de ascendencia oriental, tal como corresponde a la ilustración de la magnífica obra literaria anónima, con algunos aditamentos de danzas hindúes.

El cuerpo de baile, perfectamente adiestrado, baila con ímpetu lo trazado por el coreógrafo y pone en evidencia su intencionalidad desbordante en más de una oportunidad.

Claudia Lapacó cumple una vez más con una composición de gran solidez y enérgica fuerza dramática como Feyza. La suya es una interpretación de gran riesgo y todo lo que hace sobre el escenario es valioso, desde actuar como una gran trágica hasta bailar y cantar. Juan Rodó diseña un Sultán vigoroso y viril, elegante y de gran potencia vocal. Es un personaje que él conoce en profundidad y lo interpreta de la mejor manera, convirtiéndose en un paradigma de lo que debe ser una actuación en un musical.

Calidad y compromiso

Georgina Frére suma calidad vocal a una actuación sensible y comunicativa. Laura Piruccio está excelente en su rol de Leila, y Diego Duarte Conde, Nicolás Bertolotto, Mauro Murcia, Mercedes Benítez y la bailarina Eluney Zalazar asumieron con el mismo compromiso cada uno de los papeles más pequeños.

Por último, hay que elogiar calurosamente no sólo la creatividad musical de Mahler, sino también su agudeza y su sensibilidad al plasmar con fantasía, rigor sinfónico-vocal y belleza melódica, una partitura ideal para estas mil y una noches donde las estrellas, los palacios árabes y los sentimientos en conflicto, brillan en todo su esplendor.

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