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Todos los campos el campo
Indagar sobre el imaginario rural conduce a un denominador común: la heterogeneidad. Con diversos modos de vida y producción, distribuidos en diferentes zonas agroecológicas, las representaciones sociales de quienes componen el mundo agrario se superponen. Un abordaje entre lúdico y heurístico de una pregunta sin respuestas fáciles: ¿cómo se construye la identidad del campo?

Quien ahora pregunta es Edgardo Luis Carniglia, autor de Las ruralidades de la prensa (Universidad Nacional de Río Cuarto, 2011): "¿Qué representaciones de lo agropecuario, agrario y rural construye la prensa agraria para sus lectores?" Responde: "La clave de la respuesta reside en un proceso agrario en curso en la agricultura contemporánea: el predominio del agronegocio".
Carniglia analizó el suplemento agropecuario del diario nacional con mayor circulación, entre 1997 y 2006. Su estudio precisa: "Más de dos tercios de los artículos corresponden sólo a dos asuntos generales: Producción, con un 40,73 % de los informes y Tecnología, con 28,02 % de las notas destacadas". Además, sostiene que "la imagen de territorios y ambientes se circunscribe a un recurso productivo del agro pampeano" y agrega que esa construcción se caracteriza por "la carencia, sin duda alguna absoluta, de noticias sobre los modos de vida distribuidos en los diferentes territorios y ambientes rurales argentinos".
Representaciones de este tipo configuran un imaginario alrededor de la identidad del campo, intensificado por la reiteración. "Y la comunicación resulta relevante", dice Carniglia, "pues no sólo es el medio a través del cual sino también, y sobre todo, el espacio en el cual la sociedad se imagina, se piensa y se hace a sí misma".
Consolidados
y desvanecidos
En la Argentina, una nación con indudable raigambre agropecuaria, apenas el 8 % de la población es rural, informa Somos la tierra (Ediciones INTA, 2015). También precisa que más del 65 % de los productores son agricultores familiares: unas 250 mil personas, responsables del 20 % de la producción agropecuaria con sólo el 13 % de las explotaciones.
Según los censos agropecuarios nacionales, entre 1969 y 2002 dejaron de subsistir 263.573 explotaciones, calcula Walter Mioni, especialista del IPAF NOA, en su libro Tierra sin mal (Ediciones INTA, 2013). En esa línea, el segmento más afectado corresponde al de los pequeños productores: un 77 % de los establecimientos desvanecidos en ese período tenían menos de cien hectáreas.
En su tesis doctoral, Consolidacioy desvanecimiento del mundo chacarero (2004), Javier Balsa afirma: "Pareciera que en la sociedad argentina, a la profesiode agricultor que vive y trabaja en su campo no se le reconocioun status social relevante o, al menos, equivalente al de la clase media urbana".
Para Balsa, esa desvalorización "fue favorecida por la inexistencia de una tradiciocultural" que celebrara al chacarero, a diferencia de lo ocurrido en el Corn Belt estadounidense. "Aquien cambio, el campo quedoreducido al gaucho, el indio y el estanciero", explica.
¿Persisten aún esas categorías en la definición de la identidad del campo argentino?
Desde los 60, Pierre Bourdieu analizó la sociedad campesina de Bearne, en el sudoeste de Francia, donde él nació y vivió. El resultado fue El baile de los solteros (2002), donde reflexiona sobre la categoría social del campesino, subyugado simbólica y materialmente al punto que resulta incapaz de definir su identidad. "Las clases dominadas no hablan, son habladas", indica el sociólogo, para destacar el privilegio de quienes ejercen ese dominio: "El de controlar su propia objetivación y la producción de su propia imagen".
Cuando se indaga en la identidad rural, una y otra vez emerge un único denominador común: la heterogeneidad. "Inmenso es el campo, tan grande que esconde las certezas", reflexiona Mioni, quien agrega: "La propiedad, el dominio, la posesión, la renta, el mercado, las commodities, la bolsa y el desarrollo, son mundos dentro del mundo. Son muchos campos dentro de un campo".


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