En la adaptación de la pieza del alemán Botho Strauss se destacan la frescura de Ingrid Pelicori y la ductilidad de Horacio Roca.
«Grande y pequeño» de B.Strauss. Dir.: M.Iedvabni. Int.: I.Pelicori, H.Roca. Esc., Vest. e Ilum.: A.Vera. (Centro Cultural de la Cooperación)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El recorrido que emprende Carlota, desde sus patéticas vacaciones en Marruecos (recién separada y sin haber podido congeniar con los integrantes de su tour) hasta su anhelante deambular por las calles de su ciudad, representa algo más que un lento e inexorable camino a la locura. En esa suma de encuentros --y profundos desencuentros-que la protagonista va viviendo hay una gran herida espiritual que bien puede ser leída desde una perspectiva filosófica.
No es que se trate de un material hermético, al contrario, sus diálogos resultan accesibles y, al menos en una prime-ra lectura. las situaciones pare-cen simples y cotidianas. Lo que quizás pueda desconcertar un poco es la estructura fragmentaria de la pieza, su gran economía de recursos y el estado de irrealidad y ensoñación en el que se mueve Carlota, en contraste con la actitud estricta y lapidaria de los demás personajes (el ex marido; la amiga de infancia fóbica y da-ñina, el vecino poco solidario y otras figuras más). Todos ellos hablan sin filtros ni medias tintas, pero más allá de sus actitudes negativas lo que en verdad importa es esa fuerza misteriosa que arrastra a la protagonista a una permanente demanda de afecto, compañía o comunicación, sólo para hundirla en el vacío y la soledad.
Pura e inocente -también algo patética-Carlota choca contra una sociedad materialista, desconfiada del prójimo, negadora de la muerte y la enfermedad y con una obscena devoción por los cuerpos bellos. Víctima del rechazo y la indiferencia, la pobre mujer cree ser uno de aquellos 36 justos que, según el Talmud, justifican con su conducta la existencia de la raza humana.
El alemán Botho Strauss goza de un enorme prestigio en Europa como adaptador y dramaturgo, pero en nuestro país es casi un desconocido. «Grande y pequeño» ha sido calificada como una de sus obras menos herméticas. La pieza original, estrenada en Berlín en 1978, tenía un elenco numeroso y duraba unas cuatro horas. Esta versión de cámara apenas alcanza la hora y media y cuenta con sólo dos actores.
Algunas escenas son muy cómicas, como la del portero eléctrico, con Horacio Roca remedando las voces de distintas de mujeres y la de un vecino lancero. Otras, en cambio, ofrecen vagos apuntes de conducta o incluyen monólogos algo desconectados de las demás secuencias. De todas formas, la suma final invita a reflexionar sobre una historia agridulce, y no exenta de poesía, que el director Manuel Iedvabni adaptó con gran sensibilidad y espíritu crítico.
Lo más destacable: la frescura de Ingrid Pelicori en la piel de esta heroína tragicómica y la notable ductilidad de Roca, quien tiene a su cargo persona-jes de muy diversa índole.
Dejá tu comentario