8 de mayo 2013 - 00:00

Un tablero disputado por todos

 Beirut - Los países de Medio Oriente y del Golfo ya no se esconden e intervienen sin disimulo en la guerra siria, algunos de ellos aprovechando el caos y otros intentando impedir la caída del régimen, afirman los expertos.

La guerra entre el presidente Ba-shar al Asad y los rebeldes dividió profundamente a Oriente entre, por un lado, los aliados del régimen, como Irán y el Hizbulá libanés, y por otro los que quieren su caída, como los países del Golfo.

Israel no se ha posicionado públicamente pero advirtió, con dos ataques la semana pasada contra blancos militares sirios, que no permitirá que armas sofisticadas sirias lleguen a manos de Hizbulá. Los ataques israelíes en Siria se produjeron después de que el jefe de la milicia chiita libanesa, Hasán Nasralá, reconociera por televisión que combatía junto al Ejército sirio y proclamara que los "verdaderos amigos" de Damasco no permitirían la caída del régimen de Al Asad.

"Mucha gente considera ahora que no puede haber empate: los jordanos, los israelíes, Hizbulá y los iraníes tienen todos la sensación de que se ha convertido en un combate existencial", afirmó Salman Sheij, director del Centro Brookings en Doha, Qatar.

Las divisiones interconfesionales entre la oposición, de mayoría sunita, y el régimen, dirigido por la minoría alauita, una rama del chiismo, facilitaron una intervención regional en el conflicto en Siria.

Los gobiernos sunitas del Golfo apoyaron abiertamente a los rebeldes, mientras que Irán (chiita) e Hizbulá respaldan al régimen.

Israel asiste con inquietud a los acontecimientos: es reticente a la idea de perder un enemigo fiable como el presidente Al Asad y lo angustia el creciente auge de los rebeldes salafistas, así como el papel de Irán y de Hizbulá.

"En Siria se libra una guerra regional a través de otros, sobre todo entre los países del Golfo y los iraníes junto con sus aliados del Hizbulá, estimó Salman Sheij. En cambio, la intervención de Israel viene motivada por las circunstancias, consideran los analistas.

"Israel está cambiando las reglas del juego al decir 'A partir de ahora no toleraremos más lo que se toleró durante veinte años: la entrega de armas a Hizbulá", explicó a la radio militar local el experto en Siria Eyal Ziser. Según él, "Israel aprovecha la situación generada por la debilidad de Al Asad, que tiene las manos atadas debido a la guerra civil, para impedir la entrega de armas a Hizbulá, añadió.

Para Hizbulá, que cuenta con Damasco como medio de suministro y como apoyo regional, la caída de Al Asad sería desastrosa. Y para Irán resulta esencial que el régimen siga en pie, porque es su vínculo con el mundo árabe.

Con tanto en juego, los países de la región no tienen otra alternativa que admitir sus injerencias y no parece costarles trabajo, consideran los expertos.

"Hizbulá ya dijo que está operativo en Quseir" (centro de Siria) "y los iraníes reconocieron en el pasado que había asesores en Siria. El domingo incluso afirmaron que están dispuestos a entrenar a los sirios. La implicación de estos actores es más abierta e importante", asegura el experto en Hizbulá Amal Saad-Ghorayeb. Para los analistas existe un peligro creciente de "regionalización" del conflicto.

"Al Asad con todos sus problemas no puede entrar en guerra, pero puede lanzar misiles contra Israel. ¿Qué pasará entonces? Quizá estamos tirando de la cuerda demasiado fuerte", ponderó Giora Eiland, exjefe de la Agencia de Seguridad Nacional israelí.

Agencia AFP

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