30 de abril 2009 - 00:00

Una bella búsqueda del misterio De Falla

Mónica Galán y Luis Luque en «Manuel de Falla, músico de dos mundos», opera prima del músico José Luis Castiñeira de Dios.
Mónica Galán y Luis Luque en «Manuel de Falla, músico de dos mundos», opera prima del músico José Luis Castiñeira de Dios.
«Manuel de Falla, músico de dos mundos» (íd., Argentina, 2007, habl. en esp.) Dir.: J. L. Castiñeira de Dios. Int.: L. Luque, M. Galán, J. Tambutti, J. Paccini, C. Vera, G. Ortiz.

Manuel De Falla tuvo muchos ritos. Además de dedicarle cinco horas diarias a su aseo personal y anotar escrupulosamente sus grados de fiebre, cada noche ponía en hora dos relojes: uno, con la de Granada, el otro con la Alta Gracia, Córdoba, donde transcurrió su vejez. A su muerte, una doméstica advirtió que uno de ellos adelantaba mucho, y con un rápido ajuste borró de golpe cualquier nostalgia.

Perseguir las huellas de una personalidad tan obsesiva, casi enfermiza, no se les hace fácil, sin embargo, a dos investigadores de la vida del célebre compositor andaluz, Ulises (Luis Luque), que llega a Alta Gracia desde Buenos Aires, y Elisa (Mónica Galán), que vive allí. Entre ellos, pese a lo que pueda rondar por la fantasía del espectador, jamás llega a desarrollarse un vínculo emocional. Quizá, en esa parquedad resida la clave que buscan, y que también desvela al compositor, intérprete y director orquestal José Luis Castiñeira de Dios, en su opera prima como director de cine: el misterio De Falla, a la manera del misterio Picasso que también intentó buzear Clouzot, aunque con la diferencia de que él tenía el modelo vivo.

Los intereses de ambos investigadores apuntan a aspectos distintos (más interesantes son los de ella), y esa misma partición también contribuye a configurar el retrato escindido de ese hombre que fue profundamente católico aunque casi todos sus amigos fueron republicanos y ateos, y que, además, jamás compuso una sola obra religiosa pese al aire de su tiempo y de su tierra.

La mirada es siempre pudorosa: no hay referencias a la sexualidad del músico, a quien no se le conoció otra mujer que su hermana cuidadosa y dominante. Sin embargo, pese a haber sido íntimo amigo de Lorca, no existe testimonio alguno de que hayan compartido algo más que el lazo espiritual (Lorca nunca ocultó, por caso, sus relaciones con Dalí y Buñuel, aunque nunca mencionó a De Falla en el mismo sentido).

Cuando las cámaras se trasladan a Granada, a su casa natal, el film persigue otras huellas, la de la accidentada composición de su obra mayor, «Atlántida», que empezó en 1936 y jamás pudo terminar. No por azar el nombre del investigador en la ficción es Ulises, ya que el guión metaforiza el viaje de otro Ulises, el propio De Falla, partido entre dos mundos, Europa (si así puede denominarse a la España oscurantista de sus tiempos), y América. La afirmación final del film, como corresponde, es que el misterio De Falla continuará impenetrable.

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