"¡Esto es mentira!", dijo el censor, poniendo su índice sobre "La guerra no tiene rostro de mujer". "Es una difamación contra nuestros soldados, que salvaron media Europa. Contra nuestros partisanos. Contra nuestro heroico pueblo. No necesitamos su pequeña historia, necesitamos una Gran Historia. La Historia de la victoria. ¡Usted detesta a nuestros héroes! Detesta nuestras grandes ideas. Las ideas de Marx y de Lenin". "Es verdad, no me gustan las grandes ideas. Amo al hombre pequeño", le respondió Svetlana Alexiévich.
Ese libro, que ella había iniciado en 1978 y le llevó dos años de entrevistas, de pensarlo y volverlo a pensar, estuvo prohibido. Recién pudo ser publicado en 1983, con el sello de una revista literaria, en medio de un movimiento político que llevaría a las reformas de Gorbachov. Cuando apareció, vendió dos millones de ejemplares. De modo sorprendente, desde su primer libro la periodista Svetlana Alexiévich había encontrado su voz, una forma de narrar que da voz a los que no hablaron.
Ese modo de creación desde el reportaje, lo ha confesado, se lo señaló el novelista bielorruso Ales Adamovich (19271994), que sostenía que "la mejor forma de describir los horrores del siglo XX no es mediante una ficción sino a través de la grabación de los testimonios de los testigos". Tras dos años de investigación grabador en mano, viajando de un lado para otro, Alexiévich reunió más de un centenar de recuerdos, comentarios, confesiones de mujeres que estuvieron en la guerra como enfermeras, guerrilleras, instructoras, y los más diversos rangos militares, de soldado a coronel.
Su texto deja fluir la charla hasta que llega la frase iluminadora, el recuerdo que se desprende de una emoción. "En la guerra las personas se vuelven espantosas, inconcebibles. ¿Cómo vas a entenderlas? No voy a contarte cómo lloraba mientras disparaba" (Anastasia, tiradora de ametralladora). Anota el rostro duro, crispado, altivo, de una mujer que le confiesa que asfixió a su bebé para que los nazis no descubrieran el ejército de partisanos que ocupaban su casa. Sumando voces y más voces, Alexiévich construye lo que se ha dado en llamar "novela polifónica", y también "novela colectiva", "novela de confesiones", "novela coral épica", y "novela collage" por cómo cruza los breves relatos con informaciones personales o extraídas de los diarios. La emoción al pasar a la escritura se contamina de ficción.
¿Por qué contar de mujeres en la guerra? Porque fueron millones y porque "todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la voz masculina". Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones masculinas. De las palabras "masculinas". Las mujeres guardan silencio. Y si se ponen a recordar, no relatan la guerra "femenina" sino la "masculina". Se adaptan al canon. Alexiévich logra romper esa valla y encuentra "narradoras extraordinarias que en sus vidas hay páginas capaces de competir con las mejores páginas de los clásicos de la literatura".
Con este libro Svetlana Alexiévich inició su camino hacia el Premio Nobel que recibió este año. Luego de numerosas críticas por los escritores ausentes, que son centrales en la historia de las letras del siglo XX, y el no dar lugar a las experiencias renovadoras, la Academia Sueca comenzó a otorgar junto a Premios Nobel a grandes escritores, a "los indiscutibles", otros que instalaban en la literatura perspectivas diferentes, por ejemplo V.S. Naipul y el relato de viajes, Dario Fo y la comedia del arte, WisSzymborska y el humor en poesía, Herta Müller y la autoficción, en ese espacio la bielorrusa Svetlana Alexiévich instala la entrevista periodística como riquísima forma literaria. Se ha dicho que la Academia Sueca ya en 2007 tenía idea de dar un Nobel al periodismo en la figura de Ryszard Kapuscinski, pero murió justamente ese año. Ahora, por primera vez, señala a cierto periodismo como género literario. Con "La guerra no tiene rostro de mujer" han comenzado a aparecer en español las obras de la gran escritora bielorrusa, de la que sólo se conocía la impresionante "Voces de Chernobil", entre las más esperadas están "El hombre rojo. La voz de la utopía", "El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo" y "Hechizados por la muerte" sobre las personas que se suicidaron cuando cayó la Unión Soviética.
| Máximo Soto |



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