Una película con pelos en las manos

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«Shame, sin reservas» (Shame, G.B., 2011, habl. en inglés). Dir.: S. McQueen. Int.: M. Fassbender, C. Mulligan, J. Badge Dale, N. Beharie.

Si tuviera aunque sea un poco de suspenso, a esto le podría caber algún título hitchdel tipo «El hombre que se masturbaba demasiado». Pero como no es un thriller sino un drama serio, de arte, podríamos definirlo como una película testimonial sobre el flagelo del onanismo excesivo. El director Steve McQueen (curioso homónimo del superastro sesentista) cuenta la historia de un obseso sexual que percibe su debilidad como algo traumático, vergonzoso.

El personaje que personifica Michael Fassbender no puede dejar la pornografía on line, los llamados a chicas profesionales, las fantasías sexuales y la insistente tendencia al placer solitario en cuanta toilette tenga a mano, incluyendo el baño de la oficina (de hecho, desde aquel lejano adolescente sordomudo de «Tristana» de Luis Buñuel, ningún personaje del cine permanecía tanto tiempo encerrándose en los baños, ni siquiera Alvaro Vitali en la saga de films de «Jaimito»).

Al principio, la película interesa, y además está bien actuada y filmada, aunque de a poco va abusando de los típicos vicios formales del cine pretendidamente de arte, empezando por la cámara estática y los largos planos de gente que permanece en silencio sin hacer nada. Salvo el protagonista.

La aparición de su hermana es el detonante que hace explotar el conflicto en él, ya que al quedarse a vivir en su casa neoyorquina (el film es inglés pero transcurre en Manhattan) lo hace sentir observado y bastante interrumpido en sus prácticas habituales. Como la hermana, Carey Mulligan es lo mejor de la película, e incluso tiene una gran escena en la que canta una extraña versión de «New York New York». Fassbender, en cambio, está dirigido hacia un rango dramático excesivo, pretencioso y finalmente poco creíble, sobre todo a medida que la historia va hacia su desenlace.

No es que no tenga algunos buenos momentos, entre ellos un par de logradas escenas de sexo (en compañía) y una premisa que promete algo mejor, especialmente en el primer tercio. Pero, la verdad, la misma compulsión del protagonista pareciera que también afecta al director Steve McQueen.

D.C.

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