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Venecia entra en su recta final con Assayas y Kitano
Oliver Assayas volvió al socorrido mayo del 68 en París en su nueva película «Après mai», que se vio en el festival de Venecia.
«En la película hay mucho amor, naturaleza, ternura... pero la adolescencia se suele retratar casi como una caricatura, llena de fiestas, cuando yo la recuerdo como algo mucho más melancólico», dijo el realizador en Venecia. Gilles, su alter ego juvenil, interpretado por Clément Métayer, se pasea por esa Francia en la que unos pocos intentan seguir azuzando la revolución, pero con la soledad de quien está destinado a chocar con cualquier tipo de grupo.
«Fue una época seria y triste, de una obsesión constante por la política. Todo estaba sofocado por una especie de super yo que era la responsabilidad social. Y en la izquierda francesa había algo triste, violento, que se reflejaba en la juventud», ha dicho el realizador. Assayas ya había retratado aquel período de manera más abstracta en «Leau froide» (1994), pero en «Après mai» apuesta por la narrativa clásica.
Por su parte Kitano, único director en competición de la 69° edición de La Mostra (que ya tiene en su haber un León de Oro por «Hana-Bi» en 1997), parece improbable que repita el triunfo con un film que, según gran parte de la crítica, no se encuentra entre lo mejor de su filmografía. «Outrage Beyond», segunda parte de «Outrage», responde a la parte más hiperviolenta de su producción. Reservándose el papel de yakuza indestructible de la vieja escuela en una época de corrupción moral que escandaliza hasta a la retaguardia de la mafia japonesa, Kitano teje un intrincado divertimento que, en cambio, exige una gran concentración por la cantidad de personajes que maneja y lo rápido que acaban muriendo de las maneras más creativas.
«Me gustaría poder hacer cine más artístico, pero tengo que hacer entretenimiento para tener espectadores», aseguró en la rueda de prensa. «Las personas somos muy raras. Podemos reírnos de las escenas más violentas», añadió, en relación a una de las ejecuciones más brillantes, cuando una máquina que lanza pelotas de béisbol golpea hasta la muerte a una de las víctimas, que es su propio personaje. «La mafia y la policía tiene en Japón la misma relación que en resto del mundo. Pero esta no es una película sobre la mafia japonesa, sino una visión realista sobre Japón», concluyó.
En la sección paralela «Orizzonti» se proyectó finalmente el film experimental «Leones», de la artista audiovisual argentina Jazmín Lopez. Cinco amigos adolescentes deambulan por un bosque y durante la hora y media que dura el metraje la cámara los persigue. Apenas se ven sus rostros y apenas se llega a intuir el vínculo que los une. «Siempre traté de evitar la pornografía de la imagen. La imagen siempre muestra más de lo que debería, como si no hubiese sutileza», dijo la realizadora. «Lo que quise hacer es componer audiovisualmente, como dice Andrei Tarkovsky, esculpir en el tiempo es una manera de componer audiovisualmente», agregó López. «Hay mucha más información en cada encuadre que tal vez en lo que los personajes hablan o en cómo se desarrolla la historia», precisó. Con referentes como Antonioni («Blow up») y Bresson («El diablo probablemente»), la realizadora intenta hablar de la muerte. «El cine argentino, inclusive el que me gusta, tiende a ser muy naturalista y quería probar los límites entre la fantasía y la realidad. Pero por fantasía me refiero a esa fantasía que trabajaron tanto Borges y Cortázar, esa realidad aparente pero donde las cosas se complejizan y terminan siendo un relato más fantástico que realista». La recepción de «Leones» fue mixta, pues aunque se escucharon aplausos al término de la proyección, muchos habían abandonado la sala. Minutos antes desde la platea se escuchó: «Che Palle!» («¡Que aburrimiento!») y varios espectadores aplaudieron reafirmando la observación.
Agencias EFE y DPA


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