15 de junio 2016 - 00:00

Vital compilado de una gesta inolvidable: Teatro Abierto

Vital compilado de una gesta inolvidable: Teatro Abierto
"Teatro Abierto 1981, 1982, 1983" (Bs. As., Argentores, 2016, tres tomos, 1981: 387 págs., 1982: 663 págs., y 1983: 360 págs.)

Esta magna obra reúne uno de los acervos fundamentales de la cultura nacional, un hito mundial de la lucha contra el autoritarismo. Recupera las 74 obras teatrales que se lanzaron a hablar desde un escenario en medio de un siniestro mutismo, entre 1981 y 1983.

Este 28 de julio se celebrarán 35 años del alumbramiento de Teatro Abierto. "Un acto luminoso en medio de la oscuridad", se ha dicho. La dictadura llevaba ya cinco años en el poder. Había desaparecidos, exiliados, autores, actores y artistas prohibidos, perseguidos. La gente había dejado de ir a los teatros. En la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores) guionistas y dramaturgos se sentían en un islote de libertad y no evitaban comentar lo que ocurría, la necesidad y las ganas de hacer algo. Empezaron a surgir planes. Osvaldo Dragún impulsaba producir una obra conjunta. Su propuesta comenzó a crecer. De pronto había reunido en el bar-restorán de Argentores una veintena de dramaturgos. Pertenecían a las más diversas tendencias, del costumbrismo y el grotesco al teatro del absurdo y la vanguardia. Se anotan Bortnik, Cossa, Gorostiza, Drago, Dragún, Gallipoli, Gambaro, García Alonso, Griffero, Halac, Monti, O'Donell, País, Pavlovsky, Perinelli, Pronzato, Raznovich, Somigliana, Soto. Deciden escribir cada uno una obra breve y convocar a directores teatrales, actores y actrices.

La bola de nieve no paró de crecer. Todos querían estar. Justo ahí a una funcionaria menor de la dictadura se le ocurrió plantear en los medios que "en la Argentina el teatro no existe", que es intrascendente, aburrido, no interesa a nadie. Fue el estímulo que faltaba. El 18 de julio de 1981 se lee el manifiesto de Teatro Abierto donde se proclama "demostrar la existencia y vitalidad del teatro argentino" y su calidad artística, recuperar "el derecho a la libertad de opinión" rechazando todo tipo de censura, y "recuperar el público masivo".

Lo que iba a ser, como señala Roberto Cossa "una aventura más del teatro del arte" se convirtió en un acto de valentía, en suma de participaciones, alientos, aportes, en "una indescriptible epopeya".

Teatro Abierto se inauguró el 28 de julio de 1981 en el Teatro del Picadero, ofreciendo tres obras por jornada. A la semana el teatro fue incendiado. El fuego no sirvió para apagar la indignación ni el entusiasmo; por el contrario, aparecieron colaboradores insospechados. Alejandro Romay ofreciendo sus teatros, Abel Santa Cruz entregando sus ganancias del mes para ayudar. Se eligió continuar en el Tabaris, el teatro de revistas de Carlos A. Petit, con los productores Rottemberg y Bredeston. En el cierre del ciclo el público, que superaba la sala y cubría tres cuadras de la avenida Corrientes, sostuvo por largos minutos repetidas ovaciones. A partir de ahí hubo nuevos ciclos, nuevos obras, se sumaron dramaturgos. Al año siguiente, en 1982, Teatro Abierto tuvo su segunda etapa, debiendo transitar por los dramáticos pesares de la Guerra de Malvinas. Y en 1983 fue su última aparición, al año siguiente el país volvería a la democracia.

Muchas de las obras presentadas hoy son clásicos de nuestra dramaturgia. El helenista Jean-Pierre Vernant sostiene que gracias al teatro se parió en Grecia la democracia porque el teatro confronta ideas, da libertad al pensamiento, reúne conductas distintas, señala a los criminales, los déspotas, los tiranos, hace presente el pasado, plantea el futuro, y lleva al espectador a reflexionar, a adentrarse en su libertad. Teatro Abierto fue un acto de irrupción cultural ante la barbarie y una reiteración de aquel sagrado origen. Los imperdibles tres tomos que ha publicado Argentores son un vital museo de aquella gesta.

Máximo Soto

Dejá tu comentario