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Volver a escena, primer éxito de Moyano tras su show ritual
Tras una convocatoria masiva, Hugo Moyano, único orador, empieza a cosechar con un encuentro con Cristina.
Hugo Moyano, sin Cristina de Kirchner pero con todo su gabinete -salvo Julián Domínguez, de paseo por sus pagos, el noroeste bonaerense- consiguió, al menos, volver a escena: se verá, hoy, con la Presidente, convocado para revivir -otra vez- el pacto social.
Tendrá, el camionero, que agradecer a Juan Pablo II, ayer beatificado, y a Oscar Parrilli por incluir en la delegación argentina a Ignacio de Mendiguren, quien, hasta anoche en Roma, regresará al país mañana. Una cita que se pensó de tres será, si no se suspende antes, de dos.
Logrará, entonces, Moyano un mano a mano público que hace tiempo le niega la Presidente. Cuando su hijo Pablo dijo que «con Néstor era diferente», se refirió, entre otras cuestiones, a eso: el patagónico había ejercido la convocatoria al sindicalista para los anuncios oficiales.
Cristina no.
El primer éxito del megashow del viernes puede medirlo, Moyano, de ese modo: 72 horas después de ese despliegue de tropa, Cristina de Kirchner lo sentará a su lado y lo mostrará como un actor inevitable de la gobernabilidad y la solidez del proyecto «nac & pop».
Moyano, que se asume como parte inescindible del universo K, cumplió con el formalismo de pedir la reelección de Cristina y repasó su menú de demandas previsibles, casi para consumo interno, sobre cargos: del vice -que sabe que no tendrá- a legisladores -que tendrá, pero no sabe cuántos-.
Esa movilización sin precedentes, al menos desde la política -es de otro origen la fiesta del Bicentenario-, forma parte de los méritos del camionero. La paradoja es que Moyano tendría la misma cantidad de votos que su capacidad de movilización callejera.
El argumento festivo, ritual, que se invoca puertas adentro de la militancia sindical y política, es una justificación parcial. No le bastó, por ejemplo, a Cristina de Kirchner para interrumpir su estadía en el sur y viajar a Buenos Aires para, ahí presente, adueñarse del acto.
El retorno a la agenda pública saludable, de la mano de la Presidente, no satisface una demanda que el mismo Moyano generó entre los suyos y que midieron el volumen de la convocatoria como un factor que derivará, de manera inevitable, en un pago político.
Eso forma parte, ahora, de las esperas sindicales y de las intrigas del kirchnerismo en general. Tiene que ver, en concreto, con el reconocimiento todavía pendiente de Moyano como un actor decidido en la mesa K, en particular cuando se definan las candidaturas.
Podrá, el sindicalismo, anotarse parcialmente como propia una eventual bendición de Amado Boudou en la Ciudad. Sin embargo, si eso ocurre, responderá a una matriz genérica: la voluntad presidencial de ubicar, donde puede, referentes de su más extrema lealtad y de indudable pertenencia a su círculo de confianza.
Por otro lado, aparece lejana, casi fuera de todos los radares, la posibilidad de que el segundo de la fórmula bonaerense tenga ADN gremial. Ni Cristina de Kirchner ni Daniel Scioli evalúan nombres de esa procedencia.
La expectativa, entonces, se concentra en las listas de legisladores. ¿Cuánto cotiza, para la Presidente, el acto del viernes? ¿Cuántos diputados? ¿Intervendrá, como hacía Kirchner, para reservar lugares para el sindicalismo en las boletas del FpV?
El fin de semana, tras la evaluación del acto, el moyanismo -eufórico por la masividad y por el orden de la movilización- se animaba a entrever que la convocatoria a Moyano para el diálogo social, en paralelo con la UIA, debe leerse como una pista.
Una positiva luego de una ráfaga negativa.

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