26 de junio 2017 - 00:00

Wall Street lateraliza, la Fed discute y abre una tregua

¿Quién tiene razón? ¿La Bolsa que ve el vaso medio lleno debido a un exceso de oferta o los bonos que hacen hincapié en las flaquezas de la demanda? La Reserva Federal terció en el debate.

Wall Street se mueve a los costados, lateraliza y deja que el tiempo pase. Los "bears" (pesimistas) acechan pero cuando conectan un golpe franco -como el que provocó el derribo del 17 de mayo, o la brusca rodilla en tierra del NASDAQ 100 un par de semanas atrás-, la Bolsa rota la cintura, cambia de flanco, y zafa del letal uno-dos. La Fed, ya se escribió, subió sus tasas en el medio de una gran polémica (que prosigue dentro de la propia institución) pero que sirvió, paradójicamente, como un enorme voto de confianza en un momento pleno de dudas. La mejor prueba es que entre los inversores minoristas (¿una reliquia en la era de los algoritmos y los robots?) hoy son más los optimistas ("bulls") que los que temen un traspié. Si el tiempo transcurre y no pasa nada, si todo signo sombrío se agota en fintas, el desplazamiento lateral hará las veces de un descanso de escalera. Repuestos de la fatiga, será difícil resistir la invitación a seguir trepando. Vale acotar que las compañías, a contramano de la macro, no dejan de comunicar un horizonte propicio para sus negocios.

Sin embargo, los bonos no dan el brazo a torcer. La pulseada persiste. La tasa de diez años cayó 5 puntos base en la semana (10 en el mes y 36 en el trimestre) y cerró por debajo de 2,15%. Es una espina clavada en la confianza. La curva de rendimientos se aplana (y ha comenzado a hacerlo también en Europa, aun en la briosa Alemania de Merkel). La Fed presiona en el tramo corto, pero, nobleza obliga, la última suba no se transmitió al rinde de la nota de 2 años. Todo el achatamiento reciente deviene del declive de las tasas largas. El Índice Citi de Sorpresas Económicas se hundió hace rato en terreno negativo y no deja de precipitar. Los informes ISM, ambos, industria y servicios, por caso, confirmaron esta semana la pérdida de pujanza. Pari passu, la inflación también se retrae. Con la merma de los precios del petróleo (que han estrenado su propio mercado "bear") y su correlato de repliegue en los precios internos de los combustibles, y con la baja paralela en la mayoría de los precios de las materias primas, la inflación que a principios de año amagaba volver a la meta del 2% cancela toda expectativa de recalentamiento. No es la foto panorámica de una expansión rozagante como sostiene la Bolsa con sus cotizaciones. De allí, la embestida de los bonos. Y una curva de rendimientos que redujo su pendiente en medio punto, de 130 puntos base en diciembre a los actuales 80, va más allá. Amuebla la antesala de un desliz más profundo.

Argumentos

¿Quién tiene razón? ¿La Bolsa que ve el vaso medio lleno debido a un exceso de oferta o los bonos que hacen hincapié en las flaquezas de la demanda? La Fed terció en el debate. Se pronunció con la suba de tasas. Pero la decisión no fue unánime. Y la discusión, que se ventila sin tapujos, revela una grieta ancha en los puntos de vista. Dice Robert Kaplan (titular de la Fed de Dallas) que hay que decidir con sigilo. "Si la tasa de 10 años se mantiene en este nivel tendremos que ser muy cuidadosos con la forma en la que removemos el margen de relajación". Loretta Mester (Fed de Cleveland) piensa lo contrario, que no hay motivos para alterar los planes. El banco central contempla un nuevo aumento de tasas antes de culminar el año. "No hay por qué postergarlo, aunque no exista una necesidad inmediata de ajustar las tasas". Dicho de otro modo, "sólo una caída realmente profunda de la demanda, acompañada de una inflación débil" le haría cambiar de posición. ¿Quién tiene razón? ¿La Bolsa o los bonos? ¿Kaplan o Mester? ¿Bullard (de la Fed de St. Louis) que postula que la faena concluyó, y que la hoja de ruta oficial es innecesariamente agresiva, o todos sus pares? ¿La curva de rendimientos como siempre o la idea de que esta vez es diferente? Nuestra modesta opinión: la Fed hará todos los esfuerzos para que, en última instancia, la Bolsa lleve las de ganar. Y para ello deberá concederle el beneficio de la duda a los que dudan. Las palabras sobran. Nada más oportuno que extender una tregua de hecho hasta que reaparezca la evidencia concreta de una recuperación saludable.

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