20 de agosto 2015 - 00:00

Yihadistas decapitaron a un arqueólogo que se negó a entregar reliquias

Yihadistas decapitaron a un arqueólogo que se negó a entregar reliquias
  Beirut - El Estado Islámico (IS) decapitó en Palmira a Jaled al Asaad, un arqueólogo de fama internacional, tras rechazar revelar dónde se habían ocultado reliquias arqueológicos de un valor incalculable.

La noticia sobre su muerte fue difundida por Maamun Abdulkarim, director del Departamento Nacional de Museos y de la Antigüedad de Siria, con quien el experto siguió colaborando después de obtener su jubilación, en 2003. "Le habíamos recomendado, yo y otros colegas y amigos, que se fuera de Palmira para refugiarse, pero él no quiso escucharnos", afirmó Abdulkarim. "¿Quién iba a decir que un académico, que dio tamaños servicios memorables al lugar y a la historia, moriría decapitado, y su cuerpo colgado de una de las columnas antiguas en el centro de la plaza de Palmira", lamentó su amigo.

Al Asaad había decidido seguir viviendo cerca de las antiguas ruinas de esa ciudad, aun después de que el Estado Islámico la ocupara en mayo pasado, ante el temor de que también Palmira, como otros sitios arqueológicos en Siria e Irak, se convertiera en víctima de la furia destructiva de los yihadistas, que consideran las estatuas y monumentos funerarios como objetos de "idolatría", algo contrario al Islam.

Poco antes de que los terroristas tomaran por asalto la ciudad, Al Asaad trabajó en la evacuación de los principales objetos expuestos en el museo. Sólo esta acción pudo haber sido el origen de la detención de Al Asaad y su hijo Walid, hace aproximadamente un mes y, posteriormente, de su condena a muerte. Abdilkarim comentó que Walid fue liberado.

De acuerdo con el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, el grupo extremista se había comprometido hace varios días a liberar a Al Asaad y por ello la población local se sorprendió ayer cuando vieron que el arqueólogo era conducido a una plaza pública para ser ejecutado.

De acuerdo con la versión oficial, los yihadistas buscaban información sobre presuntos escondites secretos de reliquias arqueológicas en el territorio bajo su control. Búsqueda que no apunta a la destrucción, sino para su venta en el mercado negro internacional, tal como se les acusa cada vez más con insistencia. El Estado Islámico replicó que aplicó la pena de muerte porque al Asaad había colaborado con el Gobierno de Damasco, al que representó en conferencias en el extranjero.

"La violencia brutal contra un hombre que ha dedicado su vida a la herencia cultural de su país es la negación misma de la civilización", dijo el ministro de Cultura de Italia, DarioFranceschini.

"Este horrible acto no puede quedar sin respuesta" y "los responsables de estos actos tendrán que rendir cuentas ante la Justicia", dijo por su parte el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius.

Además, el departamento de Estado norteamericano "condenó en los términos más firmes un asesinato espantoso" cometido por "asesinos bárbaros". Su portavoz, John Kirby, aseguró que los intentos (del EI) para borrar la rica historia de Siria están destinados al fracaso".

En junio del año pasado se había difundido la noticia de que los yihadistas habían socavado las ruinas de Palmira, aumentando los temores de que pudieran destruirlas, como ya hicieron en los sitios arqueológicos de Irak, especialmente en Hatra, Nimrud y en el Museo de Mosul.

Abdelkarim también aseguró que el Estado Islámico destruyó una estatua del siglo I antes de Cristo que representa a la diosa preislámica Al Lat, en forma de león. Sin embargo, el Observatorio Nacional de los Derechos Humanos en Siria había declarado que era una noticia "falsa", cuyo objetivo fue encubrir el tráfico ilegal llevado a cabo por los yihadistas.

Palmira fue en los siglos I y II d.C. uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria.

Agencias ANSA, EFE y Reuters

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