19 de noviembre 2016 - 18:31

A la ópera por primera vez

Madama Butterfly, compuesta por Giacomo Puccini hace más de un siglo y puesta en escena por la compañía Juventus Lyrica para cerrar la temporada en el Teatro Avenida.
Madama Butterfly, compuesta por Giacomo Puccini hace más de un siglo y puesta en escena por la compañía Juventus Lyrica para cerrar la temporada en el Teatro Avenida.
Si hay un género musical que parece estar alejado de la juventud, ese es la ópera. No es un plan de sábado a la noche precedido por la acostumbrada previa, ni un tema de conversación en los asados. Tampoco aparece como un meme en un chat de grupo en WhatsApp. La ópera tiene, al menos para el que no la frecuenta, un halo de espectáculo destinado a una elite, poco accesible, de temática difícil y, como si fuera poco, el prejuicio de ser aburrido. Nada más lejos de la realidad.

Los gustos cambian con la edad y habiendo pasado hace unos años las tres décadas se me despertó la curiosidad por presenciar una de estas obras. La pieza que vino a terminar con la sequía fue Madama Butterfly, compuesta por Giacomo Puccini hace más de un siglo y puesta en escena por la compañía Juventus Lyrica para cerrar la temporada en el Teatro Avenida (este sábado 19, última función).

Respiré aliviado cuando supe que no tenía que ir de gala. De hecho muchos de los asistentes estaban vestidos de manera informal. Si bien se vendían golosinas y gaseosas, parece que no se acostumbra el balde de pochoclos y la bandeja de nachos con queso. También confirmé mis sospechas al notar un panel de subtítulos, ya temía no entender el italiano cantado. El programa detallaba una trama que todos parecían conocer como si fuera el final de Titanic. Milagrosamente logré huir de los spoilers.

No puedo escribir de lo que no sé y de óperas solo conozco las obleas. Les voy a contar de lo que sentí. La música empezó a brotar ubicua y los personajes cantaron sus diálogos en un despliegue de coros y actuación. El escenario, una minimalista casa estilo nipón; el vestuario, mayoría de kimonos.

En los albores del siglo XX una muy joven japonesa de la cosmopolita Nagasaki tiene un casamiento arreglado con un teniente de la marina de EEUU, un tal Pinkerton que al tiempo se va y la deja a ella, la Madama Butterfly del título, esperando como Penélope a Odiseo. La trama que empieza feliz pronto se torna en un drama tenso y al final es una tragedia romántica nivel Shakespeare.

La obra te atrapa. La orquesta escondida en las entrañas del escenario suma a la tensión narrativa y en momentos clave, con el teatro a oscuras y los reflectores individualizando a los artistas, se da la magia. Uno de esos momentos es el aria de la soprano en la que declama su intención de esperar a su amado el tiempo que haga falta, por siempre fiel. Con una potencia que desgarra las butacas Madama Butterfly te hace vibrar cada fibra del cuerpo, te comprime el pecho y te afloja los lagrimales de pura emoción. La tonada seguro te suena de toda la vida: en Los Simpsons musicaliza el corto en el que Barney Gómez dice "No lloren por mí, yo ya estoy muerto".

La historia continúa por senderos cada vez más depresivos hasta el trágico desenlace. La obra es un drama humano universal que no pierde vigencia. Música, historia e interpretación construyen un género que puede disfrutar cualquiera.

La brecha generacional existe y aunque los sub-50 éramos minoría, había muchos jóvenes. La resistencia operística. Difundir este arte es uno de los objetivos de Juventus Lyrica, una asociación civil sin fines de lucro. Hay precios para todos los gustos.

La experiencia fue fantástica y conmovedora. Una grata sorpresa. Antes no sabía cómo era una ópera, ahora sé que voy a volver.

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