Para la actriz,
dramaturga y
directora "el
humor político
surge de lo que
no se puede
modificar. Como
nadie sabe a
qué candidato
elegir en las
próximas
elecciones, se
hacen chistes al
respecto".
La actriz, dramaturga y directora Mónica Cabrera nunca pasa inadvertida. Aún fuera del escenario deja ver sus rápidos reflejos para analizar la realidad argentina con un certero enfoque humorístico.
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Mañana estrena en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 370) el nuevo espectáculo cómico de su autoría «¡Dolly Guzmán no está muerta!». A diferencia de sus tres últimos unipersonales («El club de las bataclanas», «Arrabalera, mujeres que trabajan» y «El sistema de la víctima») su nueva obra está narrada como un policial e incluye «tiros, voces en off y varias canciones». La dirección musical, composición y arreglos son de Claudio Martini.
Mónica Cabrera: Es una famosa actriz que hizo radio y cine, pero que ahora padece de esa especie de muerte civil que sufren los actores cuando no están en la palestra o hace tiempo que no trabajan en televisión, y a los que Tinelli suele llamar, veinte años más tarde, para que canten y bailen. Como no se sabe qué ocurrió con Dolly (si se suicidó, fue asesinada o se dio a la fuga) asocié el episodio con otros hechos que suceden en la Argentina en relación a los cadáveres que desaparecen y a los muertos que no están muertos.
P.: ¿En qué autores se inspiró para este policial?
M.C.: Soy una gran admiradora de Agatha Christie, Simenon, Dashiell Hammett, Patricia Highsmith, entre otros autores. Hace años que trato de avanzar con una novela policial que estoy escribiendo, pero para seguir escribiéndola tendría que tomarme un año sabático y yo vivo del teatro. Por eso decidí hacer esta obra y como soy fanática de Marco Denevi me inspiré en el formato de «Rosaura a las diez», donde cada personaje da testimonio ante un inspector de lo que sucedió con la protagonista. En realidad, tomé todos los géneros que me gustan: la radio, las aguafuertes periodísticas y un poquito del cine de David Lynch. Porque el contraste de lo surreal mezclado con lo hiper racional, a la manera de «Mullholland Drive», me atrae muchísimo.
P.: ¿Un «Mullholland Drive» argentino? Esperemos que se entienda algo.
M.C.: En cierto modo es un juego para adultos, un rompecabezas en el que las piezas nunca se terminan de unir pero que resulta muy divertido. Al menos nadie se queda afuera. Cada vez que terminamos de ensayar, siempre hay dos o tres personas discutiendo las claves de la obra o anunciando a los demás: «Ya entendí por qué la protagonista hace tal cosa». Además hay mucho humor político.
P.: ¿Se refiere a conflictos sociales y temas de actualidad?
M.C.: A mí me parece que el humor político surge, básicamente, de las cosas que uno no puede modificar. ¿A quién va a votar en las próximas elecciones? Nadie sabe a qué candidato elegir y como no se puede hacer nada al respecto, entonces se hacen chistes. En cambio, si no hay semáforos o si anda mal el subte o el tren, esto genera acciones concretas, como prenderle fuego a un vagón. Pero, en lo macro, uno es una hormiga, no tiene respuesta ante lo que vaya a pasar, por eso el humor funciona como una válvula de escape.
P.: ¿Usted interpreta a todos los personajes femeninos?
M.C.: Sí, pero esta vez quiseavanzar sobre un género pequeño como el unipersonal y probar algo nuevo. Poder contar una historia con un ritmo cinematográfico y que cuando la gente sale tenga muchas cosas para discutir en relación a la intriga. Por eso digo que esto no es un unipersonal. Es una obra de teatro en la que hay una sola actriz.
P.: ¿Y cómo definiría a la protagonista de esta historia?
M.C.: Dolly Guzmán es como una caja china. Está llena de contradicciones, hace cosas raras y como es actriz, también se encarga de interpretar a las otras mujeres que hablan de ella: su madre muerta, que vuelve del más alla; la portera de su edificio; una monja.
Dolly es muy graciosa porque todo el tiempo está tratando de aparentar. En un momento, dice: «Finjo. Cualquier idiota es auténtico, para fingir hace falta talento». Y tiene razón sólo a un idiota se le ocurre decir: «Soy auténtico». Dan ganas de contestarle: «Sí, idiota, sos auténtico».
P.: ¿Sigue participando del espectáculo «3340 con humos de cabaret»?
M.C.: Sí, pero recién retomamos la segunda semana de noviembre porque la actriz Noralih Gago, nuestra maestra de ceremonias, se fue a Egipto con Marley para ese programa en el que van por el mundo y comen insectos. Todos estamos muy contentos porque ya estamos a punto de iniciar nuestra cuarta temporada en el Teatro Anfitrión.
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