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Tombé había utilizado la cabra como si fuera su esposa, por lo tanto, debía contraer nupcias con ella y pagar una alta indemnización económica al dueño del «noble» animal. De lo contrario, su destino sería la cárcel.
Ante las evidencias presentadas en el Consejo Vecinal, Tombé terminó por aceptar la propuesta y tuvo que contraer matrimonio con la cabra. El granjero, en tono de resignación, afirmó: «Nos tuvimos que desprender de la mejor cabra que teníamos, pero nos alegra que al fin ella pueda estar junto con su amor».
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