17 de octubre 2007 - 00:00

Allen anárquico y con algunas gemas

Allen anárquico y con algunas gemas
«Pura anarquía» de Woody Allen. Buenos Aires. Tusquets Editores, 2007. 187 págs.
A veinticinco años de su última antología humorística, Woody Allen reaparece en el mercado editorial con una colección de 18 cuentos, diez de ellos publicados anteriormente en «The New Yorker». Los incondicionales del cineasta celebrarán estas historias breves y narradas a toda carrera, en las que abundan los episodios surrealistas, las frases ingeniosas y los antihéroes destinados al fracaso.

El libro incluye historias muy graciosas como «Tirar demasiado de la cuerda», donde se narran las anodinas peripecias de un oficinista pero aplicando, literalmente, diversas teorías provenientes de la física y de la mecánica cuántica. Los gags son desopilantes pero a cada paso se ven entorpecidos con términos inusuales como «longitud de Plank», «gluones», «bosones gauge» o «formas de Calabi-Yau».

En «Cantad, Sacher Tortes», un empresario teatral le propone a un autor desconocido y pretensioso que escriba una comedia musical sobre la Viena de fin del siglo XIX, con decorados estilo Bauhaus, e incluyendo en ella a grandes artistas, escritores y pensadores de la época. Obviamente, sólo podrán disfrutar a fondo de la humorada quienes estén más o menos al tanto de este gran período de la cultura austríaca. ( Aclaremos de paso que Sacher Torte es una famosa torta de chocolate vienesa, creada en 1832). En otros casos, la cosa se complica aún más, ya que Allen utiliza frases innecesariamente rebuscadas y metáforas difíciles de descifrar. Tal como lo anticipó un crítico norteamericano, para una adecuada lectura de «Pura anarquía» hay que tener un diccionario a mano (o bien recurrir a algún buscador de Internet). Para el lector argentino la tarea es doblemente adversa, ya que debe lidiar con una traducción impunemente adaptada a la jerga madrileña. De más está decir que el slang neoyorquino quedó convertido en un jeroglífico.

Como prosista, Allen no ha perdido su capacidad de fabulación, ni ese humor nervioso, neurótico y verborrágico con el que sigue seduciendo a su público. Pero en su esperado regreso a la escena literaria, se lo ve extrañamente enfrascado en una especie de cruzada enciclopedista destinada a elevarel nivel cultural del lector, en lugar de entretenerlo.

El admirable creador de «Hanna y sus hermanas», «Crímenes y pecados» y «Match Point» demostró en su prolífica carrera cinematográfica que es capaz de abordar cualquier género con gracia y estilo.

También en sus cuentos realiza cruces interesantes. Por ejemplo, cuando describe el sonado juicio a un ex director de la Disney, a través del testimoniodel ratón Mickey, o cuando alguien intenta novelizar en plan existencialista una película de «Los tres chiflados».

En líneas generales, las historias reunidas en «Pura anarquía» están poco trabajadas, como si el autor se hubiera apresurado en hilvanar frases inteligentes y situaciones disparatadas sin ocuparse de ahondar en la trama de sus relatos. Aún así, no faltarán lectores que sepan apreciar las ocurrencias de este gran humorista y estén dispuestos a rescatar, entre tanta información erudita, algunos buenos chistes.

Patricia Espinosa

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