“Con la producción de cine totalmente parada, el público se refugia en el teatro donde encuentra historias y actores que los identifican”, dice Anahí Berneri, directora de la obra “Lo que se pierde se tiene para siempre”, protagonizada por Sofia Gala Castiglione, Marita Ballesteros, Enrique Amido y Camila Marino Alfonsín.
Anahí Berneri vuelve sobre el dilema de dejar la propia vida por el cuidado hacia los padres
Luego de "Elena sabe", con Mercedes Morán, Berneri dirige una obra con temas que la acercan a esa película. “Lo que se pierde se tiene para siempre” está protagonizada por Sofia Gala Castiglione, Marita Ballesteros, Enrique Amido y Camila Marino Alfonsín, que cuenta dramaturgia de Javier Berdichesky y Andrés Gallina, basada en cuentos de Alejandra Kamiya,
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A la izquierda Anahí Berneri, en el centro el elenco y la derecha la escritora Alejandra Kamiya.
La obra cuenta con dramaturgia de Javier Berdichesky y Andrés Gallina, basada en cuentos de Alejandra Kamiya, y se presenta en Dumont 4040 con funciones jueves, viernes y sábados.
“La obra tiene un punto en común con mi última película, “Elena sabe”: hasta qué punto las mujeres terminamos de maternar a nuestros hijos y empezamos a hacerlo con nuestros padres adultos y cuánto resignamos en contra de nuestras vidas”, reflexiona Berneri.
Una madre que se pierde en algo que no se nombra. En su taller de ebanistería, un padre parece no haber acariciado a nadie tanto como a sus maderas. Como un puente, la hija recorre las ocho cuadras que separan las casas de sus padres, llevando y trayendo ollas con comida, fotos, muebles, sobres con dinero. Lo que intenta es maratónico: unir las partes en que se ha dividido su vida.
La coreografía es de Susana Szperling; música original de Jackson Souvenirs; vestuario de Roberta Pesci; escenografía de Lü Carnicer; iluminación Iván Gierasinchuk. Conversamos con Berneri.
Periodista: Un pie en la escena y otro en la narrativa, ¿cómo se hilvanan esos cuentos en la obra?
Anahí Berneri: Trabajé desde los inicios en la construcción de los textos y la forma en que los dramaturgos la armaron fue como un pachwork, siguiendo la poética de Alejandra Kamiya, tan particular. Una literatura con mucha poesía que fue la base para mi puesta. Intenté traducir esa poética en imágenes. Ellos usaron distintos cuentos que están en dos libros, “Los árboles caídos también son el bosque” y “El sol mueve la sombra de las cosas quietas” y los cuentos usados son “Separados”, “Elefantes”, “Veré árboles” “Los nombres”, “Fragmentos de una conversación”, “La oscuridad es una intemperie”, “Partir” y “Tan breves como un trébol”.
P.: ¿Por qué te interesó ponerlos en escena y no en cine?
A.B.: Esta obra fue pensada para el teatro y fui convocada por Javier que trabaja en Dumont Literatura, un lugar donde voy mucho porque soy gran espectadora de teatro. Hacía años no dirigía y me encanta porque puedo jugar con la convención, con poner dos sillas es un auto, un pañuelo es un bebé, e imaginar con pocos elementos. El cine es más esclavo de la producción. El centro de esta obra está puesto en la palabra, en la poesía de Alejandra entonces la palabra es más cercana para la dramaturgia y el teatro y no tanto para el cine, donde la supremacía está puesta en la imagen.
P.: ¿Qué temas aborda la obra además de los vínculos entre una hija su padre y su madre?
A.B.: El tema principal es el cuidado hacia los padres adultos, más allá de la memoria y aquello que no se dice e igual sale a la luz como trauma cuando no lo ponemos en palabras. Hay algo que conecta la obra con mi última película, “Elena sabe”, y es pensar hasta qué punto las mujeres terminamos de maternar a nuestros hijos y empezamos a hacerlo con nuestros padres adultos cuando no pueden valerse por sí mismos. Cuan justo o moral, y cuánto de eso aceptamos y resignamos en contra de nuestras vidas. El final de Sofía en la obra nos lleva a reflexionar sobre eso.
P.: ¿Cómo juegan la escenografía, la luz, la utilería, el vestuario en la puesta?
A.B.: Todo estuvo desde los primeros bocetos de la puesta, la concebí como lo hago con el cine, me siento con un papel, anoto cada imagen, movimiento que se me aparece y luego con los grandes colaboradores que convoque y con quienes también trabajamos en cine, diseñamos tres nichos, tres cajones donde una familia a veces coincide y a veces se aleja o acerca. Una escenografía móvil y el foco en la tensión, sectorizando a cada personaje. Dimos un lugar preponderante en la escena para cada uno aunque todos están sobre el escenario. El juego de las sombras, una hija ausente o un hijo ausente, como sombras proyectadas en la pared de la casa.
P.: ¿Como ves el teatro y el cine hoy?
A.B.: El teatro está teniendo una fuerza muy grande. Puede tener que ver con la falta de ficciones argentinas en pantalla, más allá de las plataformas, entonces la baja de producciones nacionales audiovisuales hace que la gente vaya al teatro porque tiene mucha necesidad de verse reflejada en la ficción a través de historias y actores argentinos. Son historias que los cuentan, algo lógico en este momento donde la producción de cine nacional está parada.
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