27 de diciembre 2000 - 00:00
Angeles divertidos, aventuras fashion
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"Los ángeles de Charlie"
Un negro voluminoso, en la primera clase de un avión, le comenta aburrido a su nervioso vecino de asiento antes de que empiece la película en el vuelo: «Uf, mire lo que van a dar, de nuevo otra película basada en una serie de televisión vieja. ¡Siempre lo mismo!». La decisión de iniciar «Los ángeles de Charlie» con una autoparodia no es circunstancial: el tono de la película nunca deja de ser irónico, ligero y chispeante.
Los actores parecen haberse divertido mucho filmándola (se incluye, con los créditos finales, una buena selección de bloopers de rodaje), y en ningún momento se advierte, como suele ocurrir con otras de esas «remakes» para el cine a las que aluden al principio, la menor intención de rivalizar o tornar más grave la serie de los 70.
El argumento, naturalmente, es nimio: los ángeles tienen que socorrer a un magnate de la computación que ha sido secuestrado, aunque en el curso de las investigaciones los hechos se muestran exactamente al revés de lo que parecían (el personaje supone por supuesto, un comentario irónico hacia la figura de Bill Gates). El papel de los villanos no es todo lo convincente que reclamaba Hitchcock, pero ésta no es una película de Hitchcock y nadie lo pensó así. Es una hora y media de bellas mujeres, tiros, efectos especiales y humor, que funciona muy bien. Legítimo esparcimiento, aunque usted se la olvide apenas abandone el cine.



