Marcos López, fotógrafo; Ricardo Cinalli, muralista; y Don Seiden, escultor, fueron filmados en respectivas -y bastante respetuosas- obras participantes en el Bafici de este año. Hay más películas sobre artistas contemporáneos, inclusive hay una sección entera llamada Artistas en Acción, pero éstas son buenas, y además desarrollan algo en común: la conciencia expresa de la finitud. El arte, ya se sabe, suele durar menos que la vida del artista. Que tampoco es tan larga, eso también se sabe. El asunto es mostrar esto de modo agradable. “López”, de Ulises Rossell, sigue al fotógrafo durante un año bastante duro (y eso que era previo a la pandemia), con el recuerdo y el temor de pérdidas familiares, ausencias y cambios. Lo que no cambia es su espíritu creativo y el sentido del humor, sarcástico, repentista, preciso, y las críticas que le hace su madre, digna de tener su propia película. Esta, por lo pronto, resulta entretenida, aunque se alarga unos minutos. Lo de Cinalli, “Cuando el Olimpo choca con la pampa”, de Sol Miraglia y Hugo Manso, tiene otro tono, crepuscular en Londres, y parcialmente luminoso en su pueblo santafesino de Salto Grande, plena Pampa Gringa. En los ’80 él fue uno de los New Georgians que rescataron el viejo del barrio de Spitalfields, pero hoy las empresas inmobiliarias ganaron la partida. Ahora otras obras y otros sueños sufren la carcoma del tiempo, pero al menos una maestra aprovecha sus dibujos para relacionar el arte con la educación sexual. Música de Guillermo Guareschi, adecuada.
Artistas plásticos en el Bafici
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Cinalli. Una imagen de “Cuando el Olimpo choca con la pampa”.
El tercer film es “So late, so soon”, tan tarde, tan pronto, que Daniel Hymanson hizo en buena parte con los videos caseros del matrimonio de Jackie y Don Seiden. Ella no estaba segura de ser artista, solo se entretenía dándole nueva forma a los deshechos. El, mientras, se lo pasó creando esculturas con materiales inhabituales y enseñando artes plásticas en colegios y nosocomios de Illinois. La película no habla tanto de esto, sino del paso del tiempo, 50 años, en la vida del matrimonio, cada uno compartiendo, o al menos aceptando, las locuras del otro. Ella empezaba su decrepitud. El murió antes (pero esto la película tampoco lo dice). Suele ocurrir.




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