«Hanúman, la leyenda del rey mono» («Hanúman, le roi des singes», Fr., 1998, dobl. al esp.). Dir.: F. Fougea. Guión: F. Fougea, M. Fessler. Int.: R. Cavanah, Tabu, N. Auffret, K. Tyabji, S. Kean, J. Jaaferi.
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El parisino Fred Fougea, director de semidocumentales para niños franceses, tales como «El jugador de los monos», «El señor de las águilas» y «El chancho de Gastón», dirigió hacia ese mismo público su primera película ficcional. Tuvo bastante inteligencia: la historia parece algo enredada y discutible, pero el conjunto es lo suficientemente colorido, vistoso y lleno de monos como para que los chicos salgan contentos.
El hombre también tuvo mucha paciencia. Según cuentan, dedicó buen tiempo a estudiar a una familia de 50 monos en libertad y hacerlos trabajar, gracias a un especialista en inteligencia animal. Pero igualmente debió incorporar unos 15 monos de laboratorio, ya acostumbrados al trato con humanos, para los personajes principales.
En esto lo ayudó el adiestrador de la película «El oso». Y, como si ello fuera poco, después del rodaje Fougea tuvo un trabajo extra. Esos animales ya se habían malacostumbrado a vivir con (y a costillas de) los humanos. Hubo que atenderlos seis meses más, desarrollando un trabajo de readaptación paulatina, en una gran jaula de varios cientos de metros cuadrados, hasta que, un buen día, la misma se pudo convertir en «jaula de puertas abiertas», con los animales ya nuevamente acostumbrados a depender sólo de sí mismos.
En cuanto a la película propiamente dicha, se trata de una de aventuras, con dos historias paralelas. Una, la de un joven escocés que lucha contra el robo y la destrucción de antiguas obras de arte en la India, y de paso trata de reconquistar a una noviecita hindú que tuvo cuando chico. Y otra, la de un monito obligado a escapar de su terrible suegro. Se entiende, el pequeño plebeyo tuvo la osadía de enamorar a la princesita mona, hija del rey Dientes Largos. Por suerte, el bichito cae bajo la protección de un ermitaño a quien todos respetan, incluso Dientes Largos. Ambos relatos se unen de modo un poco artificioso, integrando sin mayor fuerza una tercera historia, la mentada leyenda del rey mono, vista con ingenua mirada eurocéntrica.
De todos modos, como «Hanúman» no pretende ser «El libro de la selva», ni mucho menos, esos defectos pasan fácilmente a segundo término. En cambio, consigue que los chicos disfruten y de paso incorporen ciertas pautas de respeto hacia otras criaturas, y otras mentalidades, lo cual es digno de aprecio.
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