14 de marzo 2006 - 00:00
Centro platense atesora el legado de Edgardo Vigo
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Edgardo Antonio Vigo (1928-1997), en su taller de La Plata,
donde hoy funciona un Centro Experimental de Arte que
alberga buena parte de la obra de este pionero del arte conceptual.
Vigo (1928-1997) había estudiado en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad de La Plata. Distanciado de las normas académicas y los espacios institucionales, fue siempre un creador experimental e independiente que no se dejó seducir por las modas ni el circuito comercial del arte. En 1953 regresó de su viaje a París. «Fue una suerte encontrarnos con Jesús Rafael Soto, hoy una gloria del arte contemporáneo latinoamericano. En ese entonces era el gran artista de la pintura venezolana. En París, un hervidero de lo experimental, Soto aliaba el concepto de música dodecafónica con la escritura de la pintura», comentó años más tarde. Al año siguiente presentó su primera muestra con objetos móviles y años más tarde comenzó a realizar sus «Máquinas inútiles», 1957.
Vigo fue parte importante de la huella conceptual, que se inició en el CAYC. El Centro de Arte y Comunicación, inaugurado en 1968, había invitado a figuras como Fred Forest, Joseph Kosuth, John Cage, Dennis Oppenheim, Katsuhiro Yamaguchi, y entre los críticos y teóricos Abraham Moles, Umberto Eco, Edward Fry (ex curador del Museo Guggenheim), Ichiro Hariu, la conocida crítica americana Lucy Lippard, Jasia Reichardt (directora del Instituto de Arte Contemporáneo de Londres), Charles Spencer ( escritor y ex director de la revista inglesa «Art and Artists») y Tomasso Trini, entre otros. Todos ellos conocedores de las propuestas de este argentino que dialogaba con sus pares de España, Francia e Italia.
La muestra «Anteproyecto de Proyecto para un pretendido panorama abarcativo», que presentó en la Fundación San Telmo en 1991, rescató más de tres décadas de su producción, con algunas de las obras mencionadas y otras como «Variante de reloj inútil», de 1967; «Señalamiento octavo, llamado H2O», de 1971; «El tapón del Río de la Plata», de 1973 y «El ciclista oprimido», de 1975. Una obra singular fue la caja «Múltiples acumulados», 1990-91, que incluía fichas de una acción, de 1970, «Señalamiento noveno (enterramiento y desenterramiento de un taco de madera)», fue una acción similar fotografiada veinte años después, xilografías, cartones con frases, obras de arte por correo, un pie de imprenta y el taco.
El arte postal de sus últimos tiempos se refería irónicamente a su enfermedad y a la muerte.«Sueño en utopías realizables pues comprendo que en ellas cabalga lo mejor del pensamiento, sin carga de intención alguna que no sea el intento de crear un momento trascendente -con irónica, humorística o dramática posición- para que lo vivan aquellos que todavía pisan la tierra, están en ella y no pierden el ánimo de largarse a volar», escribió este gran artista argentino que despertó la atención internacional de críticos y artistas europeos.




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