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3 de enero 2007 - 00:00

Colombiano Ospina se suma a la moda de la novela de época

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Ospina: «Los conquistadores eran seres quijotescos y brutales que surgían de la barbarie de la Edad Media. Se habían aleccionado en el arte de descubrir a los distintos».
«Tenía que poder vivir esas historias de hace 500 años, eso me hizo pasar de la poesía y los estudios históricos y literarios a la novela», se entusiasma William Ospina (Tolima, 1954) una de las figuras mas destacadas de las letras de Colombia. Tras siete libros de ensayos -varios de los cuales, sobre política, se convirtieron en best-sellers- y cuatro de poesía, Ospina se lanzó a narrar la aventura personal del conquistador español Pedro de Ursúa fusionando historia y poesía. Dialogamos con el autor de «Ursúa» en su breve visita a Buenos Aires.

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Periodista: ¿Por qué el tema de su primera novela?

William Ospina: El tema me interesa desde hace mucho. Antes había publicado un extenso ensayo sobre un poeta bastante desconocido de tiempos de la Conquista, Juan de Castellanos, que escribió el poema histórico mas extenso de la lengua castellana «Elegías de varones ilustres de Indias», en cuatro partes y más de 15 mil versos endecasílabos. En él cuenta muy minuciosamente los hechos de la Conquista en el Caribe y en algunas regiones del continente. Mientras escribía ese ensayo me encontré con algunas atractivas y poco divulgadas historias sobre el descubrimiento del Amazonas, y me dije: no puedo escribir otro ensayo, esto tengo que vivirlo, recuperar la sustancia de lo que fueron esos años y esas guerras. Así nació «Ursúa». Inicialmente iba a ser una novela, pero se ha extendido tanto que va a ser una trilogía, tres episodios separados pero con protagonistas en común.

P.: ¿Tiene adelantadas la segunda y tercera parte?

W.O.: He escrito bastante de «El país de la Canela», la segunda, que trata del descubrimiento del Amazonas, y tengo borradores de «La serpiente sin ojos», la tercera y última, que cuenta como Pedro de Ursúa repitió el viaje de los descubridores del Amazonas y fue a morir en la selva a manos de López de Aguirre. Mi desafío fue poder imaginar como era el mundo americano hace 5 siglos.

P.: ¿Qué trata en «Ursúa»?

W.O.: Es la biografía de ese adelantado español narrada por un amigo suyo. Si bien Ursúa es muy importante, para mí son importantes otros protagonistas: la naturaleza americana que en el relato es un ser vivo, y el asombro recíproco de los españoles entrando en un mundodesconocido, para el que no tenían siquiera lenguaje, y los pueblos nativos americanos viendo entrar ejércitos armados de arcabuces y mitos nuevos.

P.: ¿Qué imagen se hizo de los conquistadores?

W.O.: Emergen de la Edad Media y vienen a América llenos de sueños desmesurados, Buscan en América todo lo que habían perdido en Europa: sirenas, endriagos, amazonas; y a menudo las encontraban, creían encontrarlas. Venían cargados de toda la imaginación medieval, de toda la búsqueda quimérica del oro de los alquimistas. Y siendo un búsqueda muy materialista (de oro, de especias, de piedras preciosas) estaba jalonada de mitos y leyendas. Eran seres quijotescos y, a la vez, brutales que surgían de la barbarie de la Edad Media. Se habían aleccionado mucho en el arte de descubrir a los distintos, tanto en la guerras contra los herejes como contra los infieles. Habían hecho un gran aprendizaje en las guerras religiosas de como enfrentar y aniquilar las culturas distintas. Esto fue muy eficaz, y en los comienzos aterrador, cuando desembarcaron en América. Y a pesar de que cuento historias que tienen 500 años, nuestro mundo contemporáneo no está lejos de muchas de esas intolerancias y de esos desencuentros. Muchas veces el presente me prestó auxilio para imaginar barbaries del pasado.

P.: ¿Cómo instrumentó su experiencia de poeta en esta novela?

W.O.: Novalis sostuvo que una novela debe estar hecha de poesía, y yo lo creo, por lo menos en parte. Thomas Mann, que no se sentía poeta, solía escribir poemas cuando estaba tejiendo sus novelas porque era una manera de experimentar con el lenguaje, encontrar tonos nuevos, recursos, imágenes. La poesía es un arsenal de recursos literarios posibles. Un novelista debe mantener la tensión, el ritmo y la atención del lector durante mucho tiempo y debe hacer uso de todos los recursos posibles para que la atención no ceda y la vivacidad del relato se conserve, y en eso la poesía es un auxiliar indispensable en todo narrador. Es como un ejercicio de respiración del relato. Y, además, para mi tan importante como contar la historia es crear un clima, porque tenía que suscitar un mundo que había desaparecido, y en eso la poesía fue una ayuda fundamental.

P.: ¿Qué autores siente sus maestros?

W.O.: Ningún escritor latinoamericano de hoy puede ignorar que escribe desde Borges, de García Márquez, de Rulfo, de Neruda. Es un canon incompleto, pero esos nombres son fundamentales. Estamos en posesión de una lengua que esos precursores pulieron para que emprendamosnuevas aventuras literarias.No se trata, ni mucho menos, de recorrer el camino ya recorrido por ellos, sino aprender a recibir el legado para dar estímulo a renovadas inspiraciones. Yo les debo mucho a ellos como a otros autores de la literatura universal, porque los escritores actuales latinoamericanos estamos menos sujetos a la tradición local, nacional o continental. Nos sentimos mas abierto al mundo y mucho más libremente herederos de todas las literaturas.

P.: ¿Qué destacaría de ellos?

W.O.: La elocuencia de la lengua en García Márquez, la riqueza de la imaginación de Borges, la capacidad de ahondar en el pasado desconocido de nuestro mundo indígena de Rulfo, la fascinación por la naturaleza americana de Neruda, son aportes que no puede rehuir ningún escritor latinoamericano.

P.: ¿Por qué cree que se ha dado el boom actual de la literatura colombiana?

W.O.: En ciertos momentos de un país aparecen autores que eclipsan a otros, contemporáneos, de los que ellos mismos se alimentaron. En otros momentos, surge un escritor que ilumina para el mundo la poesía y la prosa de una nación. En Colombia, José Asunción Silva borró a los autores que le habían precedido y favorecido la aparición de su voz. Jorge Isaac con su novela «María», y José Eustaquio Rivera con «La vorágine» eclipsaron a toda una generación. Vamos al caso opuesto, después del Premio Nobel a García Márquez hay un mayor espacio para la creación en Colombia. Buena parte de la literatura colombiana antes de Gabo se hizo en el exilio, de Vargas Vila a Alvaro Mutis, Fernando Vallejo o el mismo García Márquez. Colombia no era un escenario propicio para la creación literaria. No había un entorno de respeto para la labor de hacer literatura. Después del '82, cuando le dieron el Nobel a García Márquez, cambió el clima, hay más espacio para la creación, hay más respeto por el ejercicio de la literatura. Los escritores se sienten muy bien. No es que sobrevivan de lo mejor pero sienten una dignidad nueva del oficio de escribir. Por último, creo que nos hemos beneficiado con el auge de la industria editorial colombiana en los últimos 20 años.

Entrevista de Máximo Soto

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