Con cautela, Hollywood evalúa reacciones árabes

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Los Angeles (Especial) - El actor y director Albert Brooks («La musa»), una especie de Woody Allen menos brillante aunque algunas veces agudo como dialoguista, puso el dedo en la llaga con su última película: «Looking for Comedy in the Muslim World», cuyo sentido más exacto, aunque no una traducción literal, es: «¿Qué es lo que hace reír en el mundo musulmán?». Estrenada limitadamente la semana pasada en los EE.UU., la comedia no despertó un gran entusiasmo en la prensa aunque representó el primer test acerca de la posibilidad de comenzar a tender, desde un humor bastante cauto, un puente cultural en un terreno extremadamente tabú. Especialmente en estos días de furia religiosa en el mundo a partir de las caricaturas danesas. Desde luego, esta película es otra cosa. En principio, el estudio «major» que iba a distribuir el film, la Sony Pictures, terminó rechazándolo porque Brooks se negó a cambiarle el título. La Sony no cuestionó sus contenidos pero sí objetó el uso de la palabra «musulmán» en un título que podría llegar a sonar ofensivo, según el presidente de la compañía, Michael Lynton. En una carta que le dirigió a Brooks y que reveló «Los Angeles Times», Lynton escribió que «el mundo en que vivimos ha cambiado dramáticamente en los últimos años, y por esa razón, entre otras, requiere la prudencia de cambiarle el título a la película».

Como no hubo acuerdo, fue la Warner Independent Pictures quien terminó haciéndose cargo de la distribución de la película. Mark Gill, su presidente, opinó que «Brooks sólo se mofa de sí mismo y de los Estados Unidos. No veo razón para no estrenar esta película, y mantener su título». En medio de la controversia, Brooks manifestó: «Cada vez que escucho hablar de musulmanes es en relación al terrorismo. Pero yo creo que debe existir alguna forma de distinguir a 1500 millones de personas que no quieren matarnos de las 100.000 que sí quieren hacerlo». La prensa árabe en los Estados Unidos no puso objeciones al film, pese a que algunos medios, acordando de cierta manera con el pensamiento de Sony, señalaron que el título podía llegar a interpretarse como una ironía sobre el fanatismo religioso que, entre otras cosas, haría insensibles al humor a los árabes.

La película, en donde Brooks hace de sí mismo, gira en torno a un actor cómico convocado por el Departamento de Estado para una misión específica: viajar al mundo árabe para investigar qué cosas causan gracia allí. El senador Fred Dalton Thompson, ex actor en la vida real, aparece brevemente en esta película para volver a su antiguo oficio y representar al político que le explica a Brooks cuál es el propósito de la Casa Blanca: le dice que el gobierno probó guerras y espionaje para llegar a los musulmanes, y que ahora quiere intentar el humor.

La misión del protagonista, en consecuencia, será pasar un mes en la India y Pakistán con el fin de desentrañar qué cosas mueven a risa allí, y elaborar un informe secreto de 500 páginas para el presidente.

«Es posible que parte de su público se decepcione al comprobar que Brooks, pese al desafiante título, haya elegido esos dos países en lugar de Medio Oriente»
opinó «Variety». En general, la prensa señaló que tras ese arranque polémico, la película se desliza hacia aspectos menos controversiales, como la naturaleza misma del humor, o la propia autobiografía del cómico. Brooks, por ejemplo, realiza dos actuaciones humorísticas consecutivas e idénticas en Nueva Delhi: en un caso, el público se aburre, y en otro estalla de risa. La escena más ríspida del film se produce cuando Brooks visita la cadena de televisión Al-Jazeera, en donde le ofrecen un papel en la futura telecomedia, «Ese maldito judío», acerca de un norteamericano judío que se muda a un barrio árabe.

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