El avance de la tecnología en Internet supone un desafío para los generadores de contenidos, entendiendo estos últimos como cualquier propiedad intelectual pasible de ser almacenada en cualquier tipo de soporte. Con el advenimiento de sistemas efectivos de comercializar publicidad a través de la red, lo que antes se consideraba meramente un pasatiempo a compartir con millones de navegantes, se ha convertido en posibilidades de negocios sin límites.
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Un claro ejemplo se ha dado con el juicio que hoy mantienen Viacom -compañía madre de varias cadenas televisivas y del estudio Paramount- y You-Tube, un sitio que nació como sofisticada manera de generar humor, que atrajo la atención de una multitud de usuarios y que fue rápidamente adquirido por Google, como una forma más de hacer llegar sus avisos publicitarios a un universo todavía más vasto. Viacom reclamó que YouTube hacía un uso indebido de sus propiedades intelectuales, en este caso, videos, y que además lucraba con lo producido.
Se habla de un lucro que hoy en día genera cientos de millones de dólares en beneficios. La compañía ahora controlada por el gigante de los buscadores adujo que, de acuerdo con la Digital Millenium Copyright Act, ellos no podían controlar los contenidos que sus propios usuarios «subían» al sitio. Aquí se produce el choque entre dos conceptos significativos: por un lado, el de propiedad, en este caso intelectual, que reclama el derecho a no verse vulnerada en la red.
Por el otro, la libertad que está en la base misma de lo que es Internet, cuyos usuarios siempre han luchado por mantener su flujo libre de controles, sean gubernamentales o de carácter privado. El tema adquiere una nueva complejidad cuando se realiza un examen para determinar a los verdaderos dueños de una propiedad intelectual, y de ese análisis podemos discernir que existen diferentes paternidades de un determinado producto, si se tienen en cuenta los diferentes medios en lo que puede circular.
No es lo mismo, ni por forma de producción ni por operatoria de sus actores, la industria cinematográfica que la editorial, aunque sí se consideran en un plano de igualdad las propiedades intelectuales de ambos tipos. Así, resulta difícil que pueda establecerse un criterio de legalidad en el espacio electrónico cuando no existen reglas claras en los medios que lo preceden: la libre circulación de la información ha puesto en entredicho al propio concepto del copyright.
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