19 de enero 2021 - 00:00

Broffoni: "No vendría mal tener un poco de pánico"

Según la autora, la crisis pandémica es una consecuencia ecosistémica. "El miedo no debe paralizar sino llevarnos a reflexionar, imponer un cambio".

Broffoni. ”Quizás transitemos el punto ciego de esta civilización.”

Broffoni. ”Quizás transitemos el punto ciego de esta civilización.”

“¿Qué hace usted para evitar el colapso del planeta y ayudar a la supervivencia de la humanidad?”. Esta es una de las preguntas con que Flavia Broffoni abre su ensayo “Extinción” (Sudamericana). Broffoni es politóloga (UCA), ambientalista, especializada en ecología política. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Usted busca causar pánico?

Flavia Broffoni: Los que trabajamos en temas de lo ambiental ya pasamos bastantes años que, para no generar pánico, mentimos sobre los riesgos que la ciencia empírica nos ofrece sobre la crisis climática y ecológica. Mi libro surgió en un momento de mucha conciencia de finitud, sin que eso sea terrorífico por apocalíptico sino por la posibilidad cierta de estar transitando el punto ciego de esta civilización, la posibilidad de concebir nuestra propia desaparición, no tanto como especie sino como modelo civilizatorio.

P.: Según su visión, estamos cada vez más cerca de una distopía escatológica.

F.B.: Los años que nos restan son apenas uno de los datos que aporta el Panel Intergubernamental de Cambio Climático en el ámbito de Naciones Unidas. Tiene que ver con la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que generamos para comernos nuestro presupuesto de carbono. Hace tres años, en 2018, eran diez. De acuerdo con las negociaciones que se dieron alrededor del Acuerdo de París se estableció que en 2030 se debían reducir la emisiones de carbono a la mitad, para así poder llegar en 2050 a la carbono neutralidad y conservar 68 por ciento de probabilidades de mantenernos con un aumento de la temperatura global en alrededor de 1.5 grados. No es que vayamos a estar transitando el apocalipsis, vamos a estar en un punto, de acumulación de gases de efecto invernadero, donde revertir los peores efectos de la crisis climática va a ser imposible. Ese es un dato empírico que aporta la ciencia. ¿Cómo se ha traducido esa información dentro de los sistemas hegemónicos? Bueno, se proclama: recortamos un poquito de emisiones por acá, ponemos más paneles solares por ahí, sembramos algunos molinos eólicos por allá. Y lo que viene sucediendo es que, lejos de estar revirtiendo las emisiones, las estamos acelerando. Es por eso que ya no hay tiempo para la ilusión que espera.

P.: ¿Habrá que soportar tsunamis y todo tipo de catástrofes?

F.B.: El grado de impredecibilidad de cuándo van a suceder los mayores desastres es alto. No en los efectos, que ya los estamos viviendo. La crisis pandémica actual es un ejemplo, una de las muchas consecuencias ecosistémicas que estamos viviendo cada vez con mayor frecuencia. No es un cisne negro, por citar a Nassim Taleb, que aparece de repente; es una profecía autocumplida. He intentado traer a la conversación pública algo que en los complejos científicos se habla todo el tiempo, en un lenguaje muchas veces técnico y a veces para que la gente no entre en pánico. Y, sin embargo, conviene que la gente entre en pánico. No un pánico paralizante sino el que lleva a la reflexión y a un cuestionamiento profundo del sistema que vivimos, y que nos mantiene dóciles y obedientes en una dinámica que pareciera no poder detenerse. La pandemia demostró que puede detenerse el sistema económico de un día para el otro, que puede detenerse la reformulación de las prioridades de la política pública, cosas que a los ecologistas nos dijeron siempre que era algo imposible.

P.: ¿No le dijeron que sus advertencias son meras exageraciones conspiranoícas y antisistema?

F.B.: Más seguido de lo que se piensa. Tengo a cada rato las conversaciones más frustrantes del mundo. Ocurre que la honestidad brutal de los ecologistas pone sobre la mesa los temas de un debate que cuestiona. Muchas veces desde el Estado nos llegan manifestaciones de que se está atendiendo la gravedad del asunto. En la agenda pública se habla sobre los temas en debate, y eso nos lleva a creer que estamos consiguiendo reformas, y no es así. Esto lleva a que, entre colegas, se produzca la discusión entre el reformismo de políticas ambientales versus el absolutismo de rompamos todo. Lo cierto es que en cuarenta años de ambientalismo no hemos tenido victorias que se reflejan en indicadores de mejoras de la biodiversidad o de la calidad de la atmósfera, por el contrario los indicadores de biocapacidad han caído estrepitosamente. Hay, en quienes nos cuestionan, más una resistencia que busca la conservación del orden de las cosas que una negación de nuestra propuesta.

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