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6 de marzo 2008 - 00:00

"Cuando empezamos éramos bichos raros"

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La Antigua Jazz Band debutó en abril de 1968 en el viejo cine Arte y en la Botica del Angel de Bergara Leumann.
En abril se cumplirán 40 años desde que un grupo de músicos amigos decidieron formar la Antigua Jazz Band, sobre la base de que la que había sido la Guardia Vieja Jazz Band. El debut se produjo en el antiguo cine Arte, aunque el primer espaldarazo lo recibieron cuando, muy pronto, Eduardo Bergara Leumann los convocó para integrarse al elenco de La Botica del Angel.

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Para la Antigua, que ha estado siempre ligada al jazz tradicional y que a través de tanto tiempo ha ido ganando en reconocimiento, éste será un año de festejos, que comenzarán estos días con una serie de conciertos -los días viernes- en el Jazz Voyeur de Recoleta. La orquesta, compuesta por trece músicos en escena más su arreglador Juan Carlos Scenna, presenta una línea de trompetas, otra de saxos, clarinete, trombón, piano, batería y guitarra pero también elementos originarios del jazz negro más artesanal como la washboard (tabla de lavar) y el peine.

Dialogamos con Rolando Vismara (trompetista) y Nicanor Suárez (contrabajista), ambos miembros fundadores del grupo.

Periodista: ¿Qué queda de aquella orquesta de hace 40 años?

Rolando Vismara: En tantos años han pasado muchas cosas. Hay muchos de los fundadores que ya no integran la orquesta. Y han sucedido muchas cosas diferentes en el terreno musical. Pero no ha variado la pasión.

Nicanor Suárez: En aquella época, siendo muy jóvenes, la orquesta era una fantasía que pudimos hacer realidad.
Eramos un grupo de gente amiga que se juntó con la idea de hacer jazz en el estilo New Orleáns y de darnos espacio para la improvisación. Y teníamos la meta de grabar, que por aquel entonces era muy complicado.

P: ¿Sentían que había un ambiente propicio para el jazz por esa época?

R.V.: No, para nada. Eramos bichos raros. Porque además había mucha división entre los que hacíamos jazz tradicional y los que hacían jazz moderno. Ellos nos llamaban «los hotdidos» y nosotros, a ellos, les decíamos «los bop-ludos».

N.S.: Es verdad. Pero lo cierto es que nosotros también escuchábamos a Thelonious Monk, a Oscar Peterson, a Charlie Parker o al Modern Jazz Quartet. Pero era la tradicional era la línea que habíamos elegido para hacer nuestra música.

R.V.: Era un tiempo en que estábamos llenos de prejuicios. Creíamos que para hacer jazz no era necesario estudiar música y que no había que copiar de los maestros. Eran tiempos de muy poca información además, porque los discos de los grandes artistas del jazz llegaban acá con cuentagotas.

P: ¿Se lo habían planteado como un proyecto que les permitiera ganarse la vida?

N.S.: No, para nada. Al contrario; teníamos que poner plata para alquilar un lugar de ensayo. El profesionalismo fue llegando después y de a poco. Y ya en la década del '70, la Antigua se fue haciendo su nombre más popular, sobre todo después de un ciclo que hicimos en el teatro Santa María, y empezó a tener más posibilidades de tocar.

P: Ultimamente, se los ha visto recorriendo otros rumbos, como en sus trabajos junto a Sandra Mihanovich y Opus Cuatro o junto al ballet de Julio Bocca. ¿A qué se debió ese cambio?

R.V.: La esencia de la Antigua es la música de jazz, pero nos da mucho placer abrirnos hacia otras cosas. Y lo de trabajar con un artista como Julio Bocca y su Ballet Argentino fue un desafío muy interesante para el grupo. Porque nos obligó a armar repertorios totalmente diferentes -de Henry Mancini y Lalo Shiffrin a Piazzolla- y a movernos en el terreno de lo que sería un espectáculo más integral.

N.S.: La verdad es que hace 20 años nos hubiera espantado si nos hubieran hecho una propuesta parecida. Pero se ve que algo hemos aprendido y que nos hemos liberado de algunos prejuicios. Y estoy seguro de que es positivo para la orquesta.

P: Ustedes hablaban de las divisiones que había en los primeros años del grupo. ¿Cómo ven el presente en ese sentido?

R.V.: Muchísimo mejor. Por supuesto que tontos hay siempre,en todas las épocas, pero nosotros sentimos mucho respeto de parte de músicos de otros estilos; y hasta tocamos en lugares como Notorious o el Jazz Voyeur que en principio parecerían dedicarse más al jazz moderno o a las fusiones.

N.S.: Quizá, cuando empezamos, era necesario abroquelarse para sobrevivir. Eso nos hacía a todos un poco más sectarios. Es una actitud bien argentina que es, sin dudas, negativa.

P: ¿Cómo serán los festejos por el 40° aniversario?

R.V.: Arrancamos con un ciclo de cuatro viernes en el Jazz Voyeur. En abril, que es el mes de nuestro aniversario, vamos a hacer algunas actuaciones con Barbara Dickson. En junio vamos al teatro Maipú; y para esa época esperamos tener ya listo un disco nuevo, que es un homenaje a Duke Ellington. Y estamos con ganas de armar algo con otros músicos, con bailarines; esperemos poder concretarlo.

Entrevista de Ricardo Salton

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