Ya la primera imagen de este sencillo documental deja apreciar la tierra bien colorada, casi podría decirse más bien la piedra, de un apartado pueblito de las montañas salteñas, muy vecino a Bolivia. Allí, a 3.000 metros sobre el nivel del mar y un día de viaje hasta la capital de la provincia, en esa zona de colores intensos que alguien ha declarado inhóspita, viven unos 500 collas, gente calma, de pocas palabras, de economía rudimentaria y rostro antiguo. Su único rasgo de modernidad parece ser una gorra con el logo de una gaseosa, o la frase en inglés de algún abrigo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La electricidad existe sólo dos horas por día, lo suficiente acaso como para que los hombres miren un partido de fútbol por el único televisor disponible. Y la Nación existe también, a través de la única representación que el Estado Argentino tiene en lugares como esos: la maestra de escuela. Entre nieblas, nieves tempranas y silencio, ella está preparando con algunas madres la fiesta patria del 25 de Mayo. Eso, simplemente, muestra «Rodeo Colorado».
Sin discursos, declaraciones, ni explicaciones, la maestra y sus ayudantes representan ante la cámara sus tareas cotidianas, el portero viaja por distintos medios hasta la oficina de la ciudad con las habituales planillas y la esperanza del cheque para el comedor escolar, unos hombres traen desde otro pueblo un buey flaco, y lo carnean para servir en la fiesta, y una nenita ensaya los pequeños versos que habrá de decir al otro día en el acto escolar. Eso es todo.
Quizá surja en la memoria del espectador el recuerdo de otros versos, unos de Homero Manzi que dicen «también es Patria lo que no tiene estatua». Analía González se llama la protagonista de este trabajo, y «maestra ilustre» le dicen sus colegas. Victoria Reale, la autora del registro. Que no llega a emocionar, pero deja pensando. Paraná Sendrós
Dejá tu comentario