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31 de enero 2008 - 00:00

Desbordes femeninos con ecos de Muscari

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El buen desempeño de las actrices disimula la débil trama de «Mujeres en el baño», catálogo de conflictos, necesidades y excesos, que despierta identificaciones en la platea femenina.
«Mujeres en el baño» Dramaturgia y Dir.: M.Asensio. Int.: C.Tejeda, J.Lamarre, C.Rainero, L.Torres, R. Ameri y E.Iturbe. Mús.Orig.: M.García Barbe. Coreog.: L.Acuña. Esc.: A.Vaccaro. Dis.de luces: M.Sendón. Vest.: V.Bebek. ( Espacio callejón.)

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Según un viejo chiste misógino, «ser mujer es algo tan complicado que sólo una mujer puede soportarlo». Lo más curioso de esta aseveración es que seguramente ninguna feminista la desmentiría. Esto es lo que ocurre en «Mujeres en el baño», un espectáculo que además de radicalizar esa postura recreando todo tipo de excesos mujeriles -ya sean emocionales, ideológicos u hormonales-, también se ocupa de criticar los más variados mandatos y estereotipos; esos que siguen invadiendo el universo femenino y a los que cualquier mujer de hoy consideraría obsoletos (aún cuando muchas de ellas contribuyan a su existencia).

De aquel pintoresco baño de pensión que recreó en «Hotel Melancólico» (su exitoso trabajo anterior), la directora Mariela Asensio pasó a otro bastante más atípico: una cruza de discoteca, set de televisión y pasarela de moda, sin sanitarios a la vista. Por él circulan seis jóvenes mujeres dando testimonio de sus conflictos de pareja, adicciones y necesidades sexuales, problemas de alimentación y otras obsesiones estéticas. Las actrices cantan, bailan, se depilan en escena, tocan el charango, y hasta revolean prótesis de silicona como si fuesen bombitas de carnaval con un entusiasmo casi infantil que a veces da paso a la melancolía

El formato de «Mujeres...» tiene mucho en común con los espectáculos de José María Muscari con quien Asensio trabajó en varias oportunidades como actriz y asistente de dirección. Al igual que en «Fetiche», uno de los últimos títulos de Muscari, aquí hay una troupe de mujeres rebeldes, batalladoras y exhibicionistas al frente de un show musical que incluye pequeñas viñetas dramáticas, monólogos humorísticos y acciones colectivas que dan pie a diversas fantasías. Entre ellas, el relato de la mujer que menstruaba por la boca o la transformación que va sufriendo un cantante de cumbia abusador (rol a cargo de Josefina Lamarre) hasta convertirse en una de sus víctimas.

El buen desempeño del elenco -que aportó, además, gran parte del material utilizado- logra disimular la débil dramaturgia de esta obra que dispara temas y situaciones sin ahondar en ninguno de ellos (algunas escenas sólo parecen estar destinadas a resaltar las variadas habilidades de estas actrices). Aún así, este nuevo espectáculo de Asensio despierta identificaciones entre las mujeres y sorprende con datos inesperados a la platea masculina.

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